grullas¿O eran avestruces? |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2004. 07/06/2004Cambio de lenguajeHace ya tiempo que he decided changer mi lenguaje, que no es cool y se está quedando un tanto desfasado. Pensé en usar sólo la Y, por ser más masculina y tal, que me mola con rabito, pero lo deseché porque somebody me dijo que no se leía bien. También llegué a pensar en write only con q, por eso de hacerles la concurrence a los Kaístas (et parce que también es muy masculina por ese rabito tan gracioso ), pero tendría el mismo problem que avec la Y, que nievozmozhno lire bien. Alors, tras mucho think about it, (por supuesto, ¿qué pensais?) he optado pour adopter un lenguaje mezhdunarodni, o sea (un pijotismo, por fin) hablar conforme a un ambiente multiculti y cool, international y tal. Así que I think meter anglicismos a punta pala, galicismos, rusismos, pijotismos, coolismos y todos los ismos que hagan falta para molar mogollón. Because ya que una es snob, hay que serlo avec toutes les consequences. Encore estoy en un periodo perestroiko, pero this va a evolucionar, I'm uviérena. Además, entre mis planes está el nombrar a Bukowski cada tri palabras a Boris Vian chaque five y a Baudelaire cada ocho. Da, y todo je le fais en contre del imperialismo. Because tengo convicciones y that. 17/06/2004Pobre diabloDebía tener yo unos siete u ocho años y dibujaba en aquella mesa rectangular, recia, de estilo castellano. Me costaba llegar al tablero de la mesa de comedor desde las enormes sillas de cuero, tan odiadas por mí por lo sólidas, pesadas y difíciles de manejar para una niña delgada, de aspecto frágil. Sonaba la radio, como casi siempre. Mi hermana mayor, sentada en otra silla, hablaba con alguien que no identifico ahora. Aunque soy un pobre diablo casi siempre digo la verdad Yo escuchaba la radio a la vez que mi curiosidad me inmiscuía en la conversación de mi hermana. Victor Manuel cantaba con esa voz ahogada, a punto de darle un ataque de asma, mientras por otro lado me llegaba la noticia de que la mejor amiga de mi hermana había perdido a su padre. Dejo sangre en el papel y todo lo que escribo al día siguiente rompería si no fuera porque creo en ti. La amiga de mi hermana, de unos diecisiete años, había entrado en su despacho y había encontrado a su padre muerto. Se había pegado un tiro en la cabeza y la sangre inundaba la mesa. Sangre en el papel. Decía Victor Manuel. Sangre en los papeles de la mesa. Aún me parece ver la imagen de aquel hombre al que nunca conocí. Me alarmé y le pregunté a mi hermana, porque me preocupé considerablemente ante algo que me sonaba a terrible, inconmensurable. Con precaución, con esa actitud cuidadosa que tienen los mayores responsables ante los niños que preguntan cosas demasiado duras para comprender, me explicó el significado de la palabra suicidio. Y Victor Manuel seguía cantando. Sangre en el papel. Esa canción se ha quedado asociada para siempre a ese momento. Durante años, cada vez que la oía por la radio me ponía daba un vuelco el corazón. Y veía la imagen del hombre ensangrentado sobre la mesa del despacho. "Pobre diablo", me decía, porque intuía el significado de dicha expresión. Y me quedaba escuchándola como hipnotizada, como si tuviese la canción un oscuro significado que a mí se me escapaba. Hace años que no la escucho (muchos, muchos) y, sin embargo, la recuerdo estrofa por estrofa, al igual que la imagen que en aquellos instantes se fraguó en mi mente. Y para mí, ese hombre que nunca ví y del que lo desconozco todo, incluso la causa de su suicidio y las consecuencias posteriores, ha sido siempre el "pobre diablo". Un título que posiblemente no le corresponda, sí, pero así de arbitraria es la mente cuando decide hacer asociaciones. 20/06/2004DSCH Decía Dmitri Shostakovich que le gustaba el fútbol porque el estadio era el único sitio donde podía gritar lo que realmente sentía. Por lo menos, podía manifestar su alegría o su decepción ante las victorias y los fracasos de su equipo. El resto del tiempo era estrechamente vigilado, hasta el punto de que cualquier palabra o gesto poco afortunado podía convertirlo en un "enemigo del pueblo".Anoche lo ví hablar en una grabación televisiva. Su voz aguda, tímida, casi ahogada, desgranaba un discurso al uso de los años del miedo y las purgas de Stalin. Leía a una velocidad vertiginosa, sin equivocarse en un sólo fonema, un largo discurso del partido, como si quisiera que ese momento pasase pronto, lo antes posible, como si fuese un trámite tremendamente incómodo, sin ningún tipo de interés en convencer a nadie y escondiendo su mirada huidiza, insegura y asustada tras sus gafas de pasta negra. Miedo. Rezumaba miedo. Anteriormente, he leído por ahí críticas a la figura de este compositor, uno de los más grandes del siglo XX (para mí el más grande, aunque es algo subjetivo, claro), en referencia a su negativa a enfrentarse al régimen de Stalin. Esas críticas, como de costumbre, se hacen desde el punto de vista de aquellos que, cómodamente instalados, nunca tuvieron que vivir bajo el régimen de Stalin, y con la distancia y la tranquilidad que da una vida en la que se puede hablar de muchas cosas sin peligro de que te deporten a Siberia o te fusilen. Así es más fácil. Siempre es mucho más fácil. Y es que se supone que Shostakovich, aparte de componer, debía ser un héroe, y morir acribillado en consecuencia. No podía tener miedo. No podía tener el miedo que todos tenían y que bloqueaba a la gente hasta el punto de que, por temor a la delación, les hacía vivir en un rico y claustrofóbico mundo interior. El silencio. Dice Volkov en la biografía de Shostakovich que, tragándose el miedo y los sapos diarios en sus conversaciones con el todopoderoso y acerado Stalin, era alguien capaz de regresar a casa, y bajo una intensa e insoportable presión, componer música absolutamente genial. ¿Alguien da más? En la foto: Prokofiev, Shostakovich y Khachaturian. |
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