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¿O eran avestruces?

Se muestran los artículos pertenecientes al tema Shannon y las avestruces.

06/01/2005

Apadrine un avestruz

t08280048_25_autruche.jpegHace unos días (y hoy, otra vez), en la caja del supermercado, mientras me disponía a pagar, leí en anuncio que la cadena de supermercados se ofrecía a servir de intermediario en las donaciones que los clientes quisieran hacer a los damnificados por el maremoto del Oceano Índico. Es decir, en un gesto de generosidad sin precedentes, la cadena de supermercados proponía a los clientes que dijeran a la cajera el importe que deseaban donar y lo entregasen allí mismo, ya que el supermercado se encargaría de hacerlo llegar a una sociedad que iba a encargarse de convertirlo en ayuda humanitaria. Me encantó la solidaria idea, por supuesto porque ¿para qué va a donar un importe de sus beneficios el supermercado si ya están ahí los clientes, que comprando los manjares de la cena de Nochevieja se iban a sentir culpables de la miseria y el horror en que que han caído millones de personas? Porque, efectivamente, los clientes occidentales, esos seres insolidarios que sólo piensan en consumir y consumir, están ahí para que contínuamente se les recuerde lo culpables y responsables que son de lo que ocurre en el mundo. Sin embargo, las empresas, las grandes multinacionales que subemplean y esclavizan finamente a millones de personas en los países más pobres, esas empresas que compran lo más barato para sacar el máximo beneficio no tienen ninguna responsabilidad en nada, porque tan sólo responden a la demanda del cliente perverso, que quiere obtener los productos a bajo precio y para eso les piden que esclavicen a cuantas más personas del tercer mundo posibles.

Son los clientes de los supermercados, sin duda alguna, los que deben hacer frente a una situación de emergencia como esta. Ni los Estados,ni las grandes multinacionales, ni las grandes organizaciones, tienen realmente una responsabilidad, aunque sean ellos los que realmente disponen de los medios para ayudar. Porque tan sólo los grandes ejércitos poseen los helicópteros y la infraestructura necesaria como para ocuparse de esa enorme población, y las grandes multinacionales podrían tener la deferencia de donar parte de sus productos, algo que no les resulte pernicioso en el balance de resultados, pero "algo", para socorrer a esa gente. Sin embargo, realmente es la gente de a pie la que debe donar a ONG privadas cada vez que ocurre una catástrofe o hay algún problema, o sea, cada dos por tres. Es que somos consumistas, y claro, hay que pagar por ello. Ser consumista es algo terrible, aunque sea simplemente una manipulación de los instintos que tenemos por parte de la publicidad para conseguir que compremos todo aquello que no necesitamos. Manipulados, sí, y responsables. Los accionistas, sin embargo, no son responsables: responden a la demanda del cliente.

Tal y como está la cosa, siendo bombardeada por ONGs diversas todo el día, para que dé mi dinero por tal u otra causa, que contribuya y calme mi conciencia de consumista malvada, lacra social, yo me manifiesto partidaria de que se aumenten los impuestos y que ese aumento vaya destinado a ayuda al tercer mundo en emergencias y desarrollo. 0,7%, sí, el famoso 0,7% que nunca se dona y del que tanto se habla. Pero que sea el Estado (o una organización estilo Cruz Roja), con sus medios, el que se ocupe, y no esas ONG calmaconciencias de oscura contabilidad, en muchos casos (aunque hay otras de intachable proceder), y en las que se pierde cantidad de ayuda a través de los intermediarios, tan altruistas ellos *. Porque me cansa tanta ONG pidiendo dinero para todo, bombardeando contínuamente en las conciencias, ya bombardeadas, como si los occidentales con cierto nivel adquisitivo no sintiésemos ningún tipo de empatía con los que sufren la miseria y ellos nos lo tuviesen que recordar. Primero te intentan vender todo lo posible y luego te recuerdan que eres un desgraciado y malvado consumista por haber comprado. La conciencia de occidente. Qué círculo vicioso.

Mientras tanto, he decidido montar una ONG de oscura contabilidad por eso de tener una ONG propia con la que recordaros a vosotros, oh, consumistas de occidente, nietos y bisnietos de colonizadores, la conciencia. Lo importante es que vaciéis vuestras tarjetas de crédito y así os calméis, porque ese dinero no os sirve para nada más que para daros disgustos y sin él vais a estar mucho mejor, os lo garantizo. Podéis así, además, tener el orgullo de apadrinar a una hermosa avestruz huérfana, de mirada triste, para que pueda tener su arnés y silla de montar y ser una avestruz de carreras. Una vez al año, la avestruz os enviará un huevo autografiado con la huella de su pezuña en señal de agradecimiento eterno y vuestros corazones se verán colmados porque con tan pequeña cantidad de dinero (que al fin y al cabo son un par de cañas)estáis haciendo a un avestruz feliz. Apadrine un avestruz.

*Con esto, quiero dejar claro que creo que muchos de los voluntarios de ONGs hacen un trabajo necesario y excelente, y que no los critico precisamente a ellos. Sin embargo, creo que son los Estados quienes deben ocuparse y quienes deben exigir que se cumplan los derechos humanos.

03/01/2005

Presentación

Hola, me llamo Shannon y soy blogger. Estoy muy orgullosa de ser blogger porque, desde que descubrí la sensación de ser blogger, me ha cambiado la vida. Tan sólo descubrí una sensación parecida el día que comencé a usar compresas aladas, día que marqué en mi calendario como el comienzo de una nueva era. Os cuento mi vida, mis gustos y mis aficciones:

Soy una chica normal, muy normal, y de las normales, de gustos normales y aficciones normales. Y entonces, los 2.534 bloggers que leéis esta página (os vigilo por las estadísticas) me preguntaréis al unísono ¿y entonces, si eres tan normal, qué tienes que contar? Y yo os contestaré: pues una vida normal, vamos. Porque si soy normal soy normal.

Mi vida siempre ha sido muy normal. Me gustan las cosas normales y mis aficciones son muy normales: "Ver el cine comiendo palomitas, cortarme las uñas de los pies, leer a Arcadi Espada, reciclar el filtro de la campana de la cocina, montar en bici, echarle ácido sulfúrico a la ropa tendida de las vecinas para que tenga agujeros y puedan transpirar bien, ver "Ana y los siete", denunciar a los mendigos públicamente por no haber decorado su casa por Navidad. Lo normal, vamos.

Tengo una mascota: Y os preguntaréis, ¿será un perro, un loro un periquito o un gato? Pues no, nada exótico ni fuera de lo común. Mi mascota es muy normal. Se llama Bernardette y es un avestruz: un avestruz con gustos y preferencias normales. Toma mucho café y se dedica a espiar las bragas de las vecinas (después se lo suele contar por carta). Es un avestruz lesbiana. Lo normal, vamos.

Y ahora, en estos precisos momentos, estoy dedicándome a montar mi granja de avestruces solidarias. Ya os hablaré de este proyecto que es muy normal. (Bernardette, preséntate ante estos amables señores, anda) Habla mi mascota:

Cuchi-cuchi, de empiringotados cabestros se teñía la brisa fémina de la tarde, juas.

Ha querido decir: "Hola, ¿qué tal? me llamo Bernardette. Encantada de saludarlos"

Gracias, Bernardette, tú siempre tan atenta. Bueno, pues ya conocen a mi mascota. Ahora me voy que tengo que echarle spray en las plumas para darles brillo, Chanel por supuesto, que es muy exigente.*

*Dedicado, con cariño irónico, a Alsen-Bert, por casi tres años de desconocimiento virtual."




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