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Desnudez

Hace ya un tiempo fui a un gimnasio que pertenece al mismo dueño del que voy habitualmente (bueno, ahora no puedo ir, pero volveré en cuanto mi cuerpo me lo permita) porque quería ver las instalaciones. Estuvo mostrándome las salas y todos los cachivaches. Después, abrió la puerta del jacuzzi sauna y solarium para seguir mostrándome las instalaciones. Y allí, me encontré con la visión de unos cuantos hombres desnudos que sonreían afablemente mientras nos saludaban. Estaban leyendo el periódico tan tranquilos y charlaban entre ellos con total naturalidad. Yo me puse roja y me eché para atrás, porque la situación era un tanto desconcertante, pero el dueño y los demás me decían con toda naturalidad que pasase. Y yo dije que ya lo había visto todo (sí, efectivamente lo vi todo, todito), que gracias, que estaba muy bien, y me salí. Y es que si hubiesen estado cortados ellos no me hubiese dado tanto reparo, pero no me esperaba tanta alegría y falta de pudor.

Esto ya lo he comentado con muchas chicas de allí. Me preguntaba si era una costumbre nórdica socialmente aceptada, porque la sauna y todas las demás instalaciones son mixtas, pero normalente se exige toalla o bañador. Y todas me dijeron que no, e incluso se sorprendieron del hecho y de que en otra piscina cercana, el domingo sea "sauna mixta sin traje de baño". No sé si yo hablo con las más pudorosas o qué. Estoy hecha una pánfila.

Después, varias me han contado las odiseas que se traen cuando salen huyendo del jacuzzi porque aparece algún hombre desnudo por allí, y el hecho de cortarse mucho porque la sauna y el solarium se han convertido en un club de hombres nudistas que se han asentado comodamente sin preocuparles el pudor de las chicas. La verdad es que la historia tiene gracia, sobre todo porque yo nunca voy a esa sauna, claro. Y me pregunto si no lo harán para tener su sitio, su espacio sin que nadie les moleste. Como una invasión nudista o algo así.

De cuervos

De cuervos

Todas las mañanas me despierta un cuervo. Y no, no es que tenga un despertador de plástico con forma de cuervo gótico y terrorífico de esos tan molones y siniestros que se llevan tanto ahora. Es que hay un cuervo en el jardín que no para de graznar a toda potencia desde las seis de la mañana hasta pasado el mediodía. Es un pesado bastante insoportable.

Al principio creía que graznaba con tanto ímpetu y contundencia porque quería ligarse a alguna cuerva por eso de tener cuervecitos y fundar una famila bien cuerva conforme a los cánones cuerveriles y fiestas de guardar. Pero nada, seguía graznando día tras día y sin una señal de que hubiese ligado algo por eso de estarse calladito un rato mientras consuma el acto, aunque sólo sea por concentrarse bien, que es lo suyo. Sigue graznando.

Después empecé a pensar que debía ser un cuervo predicador de la Biblia de los cuervos y debía decir algo así como "arrepentíos o iréis al infierno". Y cuando esta tesis, por lógica dadas las circunstancias, estaba empezando a tomar forma, alguien me dijo ayer que lo más seguro es que el cuervo sea una cuerva y esté guardando el nido, de los otros amiguitos animalitos, tan solidarios ellos, que vienen a comerse los huevos de los protocuervos. Y entonces he comprendido a la cuerva, por muy pesada que sea, y me solidarizo con ella. Que sepa que si me despierta me iré al salón a seguir con mi somnolencia estacional, a oir a las empresas de limpieza de calles, que a las siete de la mañana estan en pleno apogeo de ruidos, frenos, saludos y gritos. Qué lo sepas, cuerva. Qué desde que sé que guardas tu nido me identifico contigo y te he tomado hasta cariño y todo.

Veuillez agreer, Madame Cuerva, l'expression de mes sentiments les plus distinguées.

Auras - lámparas

Auras - lámparas

Siempre me he gastado una pasta en bombillas, y más aún desde que tuve que aprender a iluminar en condiciones debido a la falta de luz solar. Desde entonces, siempre tengo repuesto de bombillas de todas clases y potencia, en soft, de bajo consumo, halógenas, clásicas, neón. Una pasta, vamos. El caso es que no puedo vivir sin bombillas pero me parece un dispendio el arsenal que tengo almacenado.

Últimamente he constatado que hay mucho iluminado suelto. Hay personas, con aura y esas cosas, que conocen soluciones para todo, comprenden todo e iluminan todas las cosas con su luz. Con una frase ya te han solucionado la vida. Lo curioso es que, para los que no tenemos aura no nos basta una frase para solucionarnos la vida. Una pena que hayamos nacido sin aura ni iluminación natural que nos guíe por los insondables caminos del universo perdiendo el miedo a todo, siendo seres con todo preclaro y solucionado desde el principio. Seres que lo comprenden todo y solucionan, en un simple gesto, temas que a otros, sin aura, nos cuestan años.

El caso es que siento que he planteado mal el asunto del gasto en iluminación. Yo estoy gastándome una pasta en bombillas teniendo fuentes de luz natural que me salen por las esquinas. Personas con aura que podrían ponerse en la mesita de noche iluminándome con su luz mientras leo Cosmopolitan o el Hola, mismamente. Me siento un tanto decepcionada de no haberme dado cuenta antes. Además me parece que son mucho más prácticas y regulables que las lámparas clásicas. Se les puede decir sin necesidad de tener que moverme: "Baja un poco la cabeza, que no veo bien la liposucción de la Campanario" o "Gira la cabeza hacia la izquierda levemente, que quiero ver en detalle si Yola se ha vuelto a asiliconar los morros". Y las auras-lámparas giran la cabeza y hacen malabarismos con el cuello para permitir que veas mejor las fotos.

Todo son ventajas: Cuando te vas a dormir les das una voz y se apagan. No producen corto circuitos ni se funden nunca, no acumulan polvo, no gastan corriente eléctrica y son muy ecológicas al no producir resíduos ni depender de la energía nuclear. Y además, se las puedes enseñar a los vecinos para que vean lo modernísima que eres, porque en IKEA no las han comercializado aún, ni Philippe Starck las ha presentado aún en exclusiva mundial.

Así que los próximos iluminados que se me aparezcan ya tienen una misión que cumplir en el mundo: Iluminarme con su luz. Como personas consecuentes, solidarias y perfectas que son, creo que no les importará ayudar a una pobre desaurada como yo a que se culturice leyendo el Hola, por eso de leer algo, que me han dicho que es bueno.

Ayer casi veo un atropellamiento en directo. Subió al tranvía una señora mayor en un estado un tanto lamentable. Parecía borracha. Lo primero que hizo fue exigir que le dejaran un sitio, e hizo apartarse de los asientos delanteros a una jovén mamá con su bebé. Después estuvo hablando con el revisor sobre donde quería bajarse. Al final el revisor la "bajó", porque casi la tiene que coger en brazos, en una parada y la señora se quedó en la calle. Enmedio. El semáforo estaba en rojo y el tranvía no arrancaba, pero para los coches que torcían a la derecha estaba verde. Y venían rápido.

Todo el tranvía se levantó a mirar por las ventanillas.

De cuando era macho

De cuando era macho

Sí, muñecas. Antes de operarme en un espectacular cambio virtual, yo era macho. Muy macho precisamente. Y las hormonas primaverales me traían loco persiguiendo a todas las mujeres que osaban asomar sus morritos por la red. Y echo de menos aquella libertad de sátiro. Qué maravilla de testosterona. Lo curioso es que se me permitía todo. Y yo forzaba los límites para ver hasta dónde se me permitía, claro.

Luego me monté un harén con concubinas, y también me molaba, claro, pero ya estaba más limitada por el hecho de que hay mucha gente que no entiende un juego o una broma sin ponerse a moralizar por eso de sacar tajada de todo para ir al cielo y eso. Aún así, llegué a tener un buen número de odaliscas, algunas con barba y sin depilar, pero no soy escrupulosa. Ahí ya, como mujer con harén, no se me permitía todo. Y los que ensalzaban las gracias al macho que era antes me trataban con recelo catalogándome de marimacho. Y la verdad es que yo seguía siendo la misma persona, o algo parecido a persona.

Fue curioso e interesante ver cómo cambiaban las cosas cuando era hombre y cuando era mujer. Como mujer mi lenguaje ya era mucho más sutil y no tan directo por temor a las malas interpretaciones. Para mí era un juego público, pero no un asunto de mi vida personal, la cual no tiene nada que ver con juegos virtuales (que son bromas, pero nada de cosas serias) y mantengo al margen, pero eso no parecía ser comprendido por mucha gente, que buscaba etiquetar enseguida sin pararse por un momento a pensar.

Lo curioso es que, en otros foros, cuando he hablado de temas técnicos o he dado opiniones sin definirme en uno u otro género, siempre me confunden con un hombre. A veces me preguntan qué soy, para cambiar el trato, y no contesto, porque no entiendo que cuando estás hablando de fonética en las lenguas eslavas o de Música Clásica tengan que cambiar el trato por el hecho de ser hombre o mujer. Y sí, cambian el trato. Se ponen como galantes. Igual que yo me ponía en plan gallito en mi época masculina.

El caso es que echo de menos mis tiempos de macho. Y aprovechando que es primavera y tengo por aquí a algunas de mis concubinas, y a otras que prometen (aunque sean barbudas las acepto también siempre que sean limpias y se pinten los morritos), voy a reabrir el harén.

A vuestros pies, muñecas.

De odios y sombras

Me cuenta sus odios y como odia. Desea que se mueran sus compañeros de clase, aunque dice que no quiere que se caiga el avión porque hay otra gente, lo cual es todo un sentimiento de consideración. "Eso es que eres buena persona", le digo. Y me río.

Cuando aparece Madame J. (oliendo tan bien, tan bien vestida, tan encantadora en esa sonrisa suya de inteligencia y generosidad) yo siempre respiro hondo y digo: "Qué glamour y qué charme tiene esta mujer. Si yo fuera hombre...". Y él me dice que soy muy rara y que está empezando a pensar "mal" de mí. Y yo pienso que sería rara si el que me atrayese fuera él.

Y es que si me dan a elegir entre Madame J. y semejante especimen me quedo con la inteligente y seductora Madame J., que consigue hipnotizarme cuando habla de literatura francesa. No me importa eso de cambiar de tendencias, aunque no es el caso precisamente. Simplemente expreso, de broma, mi admiración por alguien que me reconcilia con la vida. Pero parece ser que todo lo que no se ajuste a un discurso convencional tiene la venia para ser interpretado de una forma estúpida.

Yo me río y le digo: "Tú eres un reprimido". Y él se repliega en su carcasa mínima de odios. Y le añado: "El día que empieces a tener confianza en tus capacidades, que las tienes, dejarás de odiar con esa intensidad".

Y es que en el fondo de sus ojillos, esos ojillos en los que se vislumbra una inteligencia considerable, hay odio. Y desea romper a los demás, hundirlos para destacar él, sin darse cuenta de que no necesita hundir a nadie, sino tan sólo ocuparse de él. Pierde odiando una cantidad de energía inmensa, que si la usara en su propio desarrollo le resultaría mucho más rentable. Yo se lo digo, claro. Aunque me temo que no sirve de nada decirlo, que no lo entiende.

Lo curioso es que a pesar de todas las cosas que le digo, se viene todo el rato detrás de mí, como un corderito, eso sí, viendo a ver si me pilla algún fallo o me equivoco en alguna declinación. Si esto sucede se suele poner muy contento. Yo le suelo decir que algún día descubrirá su vocación de Drag Queen, será feliz con las plataformas y dejará de joder a los demás. No le suele gustar mucho, pero ahí sigue, como mi sombra.

Ahora he empezado a usarlo como sujeta carpetas y abrigos. También le hago subir cuatro pisos de escaleras siguiéndome por todo el edificio mientras me meto con él. Todo tiene su utilidad en este mundo y él sirve para algo. Soy muy práctica y no es cuestión de desaprovechar las capacidades de mi sombra. Sé que me odiará, pero ya cuento con ello, debe producirle algún tipo de placer. Qué lo disfrute.

Símbolos

Era sábado. Sí, el sábado. Las tiendas de diamantes del barrio judío de Amberes estaban cerradas. Tan sólo unas cuantas permanecían de guardia. Nos adentramos por las calles para sentir el ambiente, para percibir eso tan difuso, inmaterial que hace diferente a cada ciudad. Porque no son los monumentos, es la gente.

Iban vestidos de sábado. Ellas con abrigos negros o azul marino, con pelucas o pañuelos (para que no se les vea el cabello propio porque se considera una provocación sexual) llevaban carricoches negros, con ruedas todoterreno. Ellos iban con enormes abrigos negros y sombreros a lo Bogart, tirabuzones y barba larga. Algunos hombres llevaban un gorro de piel muy ancho, que parecía una extraña tarta, abrigo negro y calzas blancas. Los niños también iban de negro, o en su defecto, en las familias más modernas, imagino, de azul marino. Las niñas con vestidos largos, que recordaban a los años cuarenta. Ellos con tirabuzones, trajes de chaqueta que les quedaban grandes y kipak en la cabeza.

Símbolos. Todo eso eran símbolos de un lenguaje. Un lenguaje visual de complejas jerarquías e intereses. Símbolos que no salían de los confines de ese barrio, porque es peligroso. Al otro lado están los barrios árabes, también con sus símbolos, con sus velos y sus túnicas. Y también los barrios occidentales, con otros símbolos, menos ortodoxos, pero símbolos al fin y al cabo. Símbolos de diferenciación de unos y empatía con otros.

No están tan lejos los tiempos de las coloridas tribus con sus pinturas guerreras y sus plumas.

Paciencias

Antes era mucho más paciente. Supongo que esperaba algo, un fruto, un resultado de esa paciencia infinita (como si alguna recompensa divina me esperara), pero conforme voy aumentando de edad tengo menos paciencia. Quizás porque me queda menos tiempo, tiempo que perdí aguantando pesadeces por "buena" educación.

Y esta semana, por fin, me harté. Y en una conversación estúpida con alguien que no puede vivir sin normas y que quiere que todos las cumplamos le dije que su "teoría" era una tontería. En realidad no era teoría ni nada, sino un planteamiento muy simplista y tontorrón, formula mágica con la que arreglar los problemas mundiales (Eso también se lo dije, fui muy sincera). Las teorías tontorronas y simplistas en sí no me molestan (e incluso me puedo reir mucho), pero sí el hecho que nos implicara a los demás culpabilizándonos, y en concreto a mí (soy un ser pérfido a sus ojos). Y me pregunté por qué, si soy un ser tan malvado y ella un alma pura, se viene a mi casa en plan hotel. No sé, no sé, yo no me iría a la morada del diablo si temiera ser corrompida.

Y me cabreé, claro, porque estaba perdiendo mi tiempo teniendo en mi casa a una tipa poco interesante, por la que he tenido que cocinar, limpiar, sacarla de paseo y escucharle las tonterías culpabilizadoras aparte de otras muchas. Y me pregunté qué hacía yo, en plan Teresa de Calcuta acogiendo turistas desvalidas que te usan para ir a ver lo que quieren ver ahorrándose el hotel. Cierto que la conozco desde hace muchos años y no es "mala chica", aunque esos calificativos de cualidades morales ultimamente me tienen muy harta. Sí, porque aunque sea "buena chica" (eso es que no mata ni roba ni se folla a los novios de las amigas porque no puede, claro), para mí es nociva. Me roba mi tiempo, mi energía, me cabrea y me hace trabajar el doble o el triple en la casa.

Diferencia enorme con la otra amiga que ha estado en mi casa también estos días, que se ha portado de forma excelente, como siempre, y no me ha dado ningún trabajo extra ni me ha mareado más de lo que estoy.

Y por primera vez en mucho tiempo dejé de respetar los argumentos ajenos y los califiqué de tonterías, así, tranquilamente, sin pararme a pensar en si podía ser ofensivo o no. Y se quedó de piedra porque no se lo esperaba, pero es quizás la tengo mal acostumbrada y esperaba demasiado. Y me alegro de haber sido poco respetuosa. Me alegro de haber perdido la paciencia. Creo que voy madurando. Ya era hora.

Da pavor

Da pavor eso de que algo sirva para algo, ese encontrarle utilidad a todo. Ese reciclaje de emociones tan rápido, tan oportuno, tan eficiente.

Así somos y así seguiremos. Ya sobrevivimos a peores guerras, a epidemias, hambrunas, catástrofes. Habrá gente que quede marcada para siempre: los amigos, los familiares, los que estuvieron allí sacando muertos, pero la marca no se les verá en la frente. Hoy ya no es noticia. Ayer ya no era noticia.

Da pavor que seamos precísamente así, pero es lo que hay. Por eso sobrevivimos un millón de años desde que Lucy decidió bajarse del arbol.

Flores de luto

Flores de luto

Es tanta la consternación que no sé qué hacer. Dudo que algún amigo, familiar o conocido haya sido afectado porque ninguno de ellos vive por esas zonas, aunque hay uno que quizás le pille cerca. Recuerdo la cantidad de veces que he visto Atocha, sus trenes de cercanías, aunque los he usado en muy pocas ocasiones. Y sé que, a esas horas, van repletos de estudiantes, de trabajadores, de gente que no tiene ningún poder, que está a expensas de lo que otros hagan con sus poderes. Santa Eugenia y El Pozo del Tío Raimundo son zonas deprimidas, de gente que sale adelante con mucho esfuerzo. De hecho, da igual a quien golpeen porque siempre es injusto, siempre.

Y ahora vendrá el intento de manipulación por parte de ETA y también por otras partes, que es la segunda parte del juego, como siempre, pero de eso no quiero hablar hoy. Prefiero enviarles flores a los casi doscientos muertos, flores de luto. Flores para sus familias, para los heridos, para todos aquellos a los que se les ha segado la vida de una forma tan cruel. Flores de luto para todos los que se quedarán marcados de por vida, que serán muchos, demasiados, porque la pérdida es enorme y nada restituirá lo perdido. Flores de luto para aquellos que han conocido hoy, muy a su pesar, lo que es el Odio y ya nunca más se podrán desprender de él.

Flores de luto, de Kathy Vargas

¿Cómo saldrán?

Hoy, viendo un reportaje sobre los niños soldados que está formando Putin para "librar a la juventud de las drogas y el alcohol" (debe ser que morir en Chechenia o en el seno de la propia Armada a causa de los malos tratos es mejor que las drogas y el alcohol) observé varios comportamientos interesantes:

1. Un oficial que decía que ahí aprenden a obedecer. (Lo cual es la máxima aspiración de toda persona decente, claro)

2. Una enfermera, que, ante ciertas pruebas físicas impuestas a niños de 11 años decía que " desde el punto de vista de la salud de estos niños yo no podría permitir estas pruebas, pero claro, si el oficial lo manda así hay que obedecer"

3. Una madre que llevaba a su hijo de 10 años a entrenar a un campo de héroes de estos, donde manejan Kaláshnikov, granadas, pistolas y otras armas de fuego peligrosas y que decía: "Sí, el uso de las armas es peligroso y le puede pasar algo, pero así no caerá en las drogas ni en el alcohol. De todas formas hay que confiar en Dios y no le pasará nada"

Me pregunto de dónde han sacado estas lúcidas mentes que esos entrenamientos librarán a las futuras máquinas heróicas que queden vivas de beber y otros pecados. Y también me pregunto qué saldrá de ahí, de ese lavado de cerebro para servir a la patria. ¿Cómo saldrán las criaturas?

Romper la resistencia

En proxemia se dice que se rompe la resistencia de alguien de lado, no de frente. Un ejemplo es en los ejércitos, por ejemplo, cuando el oficial le grita al oido al subordinado algún insulto con el fin de dominarlo.

Y ayer pude comprobar que, de una forma instintiva, las cosas funcionan así. Yo quería hablar y hablé. Estábamos en clase y yo aporté mi opinión sobre algo. Es posible que mi opinión sea sólamente eso, una opinión, fundada o no, pero es mi opinión, y no creo que deba callarme. Pero se impone el silencio. Un silencio que me recuerda mucho a otros silencios, el silencio del miedo.

Un compañero que estaba sentado a mi lado y con el que hablo a menudo (le hago caso, algo que le hace mucha falta) me criticó al oído por haber hablado. Era una crítica del plan "hablas demasiado para llamar la atención". Yo me quedé un poco impresionada ante tanta sinceridad (la verdad, es de agradecer que tenga tanta confianza como para decirme algo así). Podía haber sido mucho más hipócrita y dedicarse a criticarme por la espalda, como es natural y deseable en toda sociedad civilizada, pero a veces le cuesta morderse la lengua. Luego se arrepintió, claro, porque supo que le traería problemas haberme dicho eso a mí, y me dijo "no he dicho nada". Yo sonreí.

Cuando terminó la clase lo pillé por banda porque no pensaba quedarme callada. Tenía que devolverle el regalito, sacar mi mala leche en ofrenda para que no se me agriara a mí, sino a él, por si quería hacer Kefir. Le dije con una sonrisa irónica "A ver, explícame eso que me has dicho antes". Él empezó a ponerse nervioso. Y yo seguí: "¿Es eso lo que os dedicáis a hacer en tu Facultad? ¿Os dedicáis a joderos los unos a los otros para que no hable nadie, para que nadie destaque? Me imagino que si alguien habla, destaca o dice algo le jodéis la vida poniéndolo perdido, diciendo que es un creído o un tal o un cual y vosotros mismos os cortáis las alas. Luego tenéis miedo de hablar por si os critican, si van a decir que sois raros por hablar, por tener opinión, y os vigiláis los unos a los otros para que nadie se salga de los límites de esa modestia impuesta"

El pobre lo pasó mal, claro, pero no me arrepiento. Era lo que tenía que pasar. Conozco bien esos terrorismos, esos acosos sutiles que no hacen sino conseguir que nadie aprenda nada, que no se evolucione no sea que "los demás" se enfaden porque alguien demuestre su capacidad frente a algo. Y así ocurre con los idiomas. Nadie se atreve a hablarlos no sea que se equivoquen y que los demás digan, o que digan... Y terminan la carrera sin tener ni puñetera idea de nada, con el mínimo, bajando el listón cada vez más para que los que no pueden llegar, aquellos que vigilan, estén contentos de ver que nadie les hace sombra.

Seamos creídos. Sí, ya sé que es malísimo y que los "vigilantes" nos tacharán de ser lo peorcito si demostramos tener alguna capacidad que ellos no tienen. Por eso lo digo.

En recuerdo a

La verdad es que querría ser mucho más frívola, que es lo que me mola de verdad y mi auténtica vocación, pero últimamente no levanto cabeza. Y es que hay cosas aunque lejanas, tremendamente lejanas, que a veces te llegan de una forma sorprendentemente cercana. Y no te explicas el mecanismo, porque es extraño, como un resorte que no sabías que existía.

Anoche supe la muerte de Ricardo Ortega, reportero de Antena 3 que fue corresponsal en Moscú y cubrió la guerra de Chechenia. Lo había visto en la Tv muchas veces, hace años, cuando podía ver Antena 3, y recordaba su rostro y su voz, que me vinieron inmediatamente a la memoria. Y no podía creer que esa persona a la que escuchaba hace años con atención, de la que casi podía oir ahora su voz, estuviera muerta. Quizá porque siempre me pareció que estaba muy vivo.

Y me vino a la memoria el recuerdo de un conocido mío, periodista, que quería ser reportero para meterse en todos los fregados y que no paró hasta ser enviado a los peores sitios. Le encantaba Rusia porque decía que era como el Salvaje Oeste y me temo que no podía vivir sin tantas emociones. Era alguien con un bajísimo sentido del riesgo, con unas ganas locas de aventurarse por todos lados, eso sí, con unas pulseras que le servían de amuleto y que, según me dijo, jamás se quitaba, ni para ducharse. Y allá donde yo me horrorizaba de la miseria, de la gente desesperada y las miradas de desolación, él disfrutaba porque veía gente, "gente auténtica", decía.

El resultado fue que yo no volví a llevar pulseras ni ningún otro colgajo esotérico, por mínimo que fuera (aunque fuera regalado con la mejor intención), porque no quería confiar mi suerte a una cosa. Prefería decidirla yo, y sabía que creer en el poder de cualquier cosa me podía hacer no percibir la realidad más o menos tal como es (nunca la percibimos del todo tal como es, pero podemos aproximarnos un poco). Y él, que es un hombre muy inteligente, también lo sabía, pero se aferraba a eso porque en tierra de nadie se tenía que aferrar a algo. Perfectamente comprensible, claro. Nos aferramos a lo que podemos.

Y ahora, cuando me acuerdo de este periodista fallecido me da tristeza y estupor. Años después de haber conocido a alguien que hubiera dado la vida por ser corresponsal de guerra (es posible que ande por alguna parte cubriendo algún conflicto) sigo sin entender qué les mueve a jugarse la vida de esa forma. Y recuerdo las crónicas de Ricardo Ortega por quien yo sentía cierta admiración. Y me da pena que se haya ido, pero no recuerdo sus grandes gestas ni su valor (que es lo que menos me admira) sino el hecho de que me parecía muy persona cuando veía su rostro y escuchaba su voz. Y estaba tan vivo que no puedo creer que se haya ido.

En recuerdo a Ricardo Ortega.

El sábado estuve por primera vez en un país musulmán. No tuve que salir de aquí, bastó con darme una vuelta por una zona "reservada". Había estado varias veces, pero sin salir del coche, lo que cuenta como "no estar". Ya pesar de la costumbre de ver toda suerte de velos y vestimentas varias a diario, allí era mucho, muchísimo más evidente, tanto es así que él me dijo "No vas a la moda, estás totalmente desfasada" y se rió.

Entraba en las tiendas y los vendedores eran amables y se esforzaban incluso en decir alguna palabra en español. Parecía un ambiente distendido y agradable. La gente se paraba a conversar por las calles, se saludaban, hablaban un rato. Me recordaba mucho al sur. Los escaparates estaban llenos de objetos orientales, de vestidos de boda para ellas, bordados en dorado, muy aparatosos, de comidas de allá, de especias, de frutas y babuchas de cuero. E incluso en uno, exhibían un reloj despertador que despertaba con plegarias musulmanas y se podía poner la hora que había en La Meca.

Barrio marginal, mucha miseria también: coches con la música chunda-rap-bacalao-árabe puesta a todo volumen, gente (con velo) pidiendo, senegaleses recién llegados vendiendo CD piratas y mercancía de origen dudoso, suciedad, desidia. Miradas de cazar al vuelo lo que fuese para sobrevivir ese día. Marginalidad.

Y claro, es difícil que en esas condiciones, sabiendo que muchas de esas casas no tienen ni calefacción ni cuarto de baño, no se dé un sentimiento de impotencia, de rabia, de frustración. No se han integrado. Algunos lo hicieron, pero son una minoría, quizá los que tuvieron más medios porque hay poquísimos que tengan estudios universitarios. La mayoría se quedaron encerrados toda su vida en un barrio así, sin perspectivas, sin poder salir, con trabas para acceder a una vida mejor. Y la rabia de la discrinación les hizo encerrarse aún más en si mismos hasta el punto de que ya no hay retorno.

No hay retorno. Tienen nacionlidades europeas y viven a caballo entre dos mundos: el occidental, que es más libre pero los rechaza, y su origen, al que se aferran como un clavo ardiendo mediante la religión.

Evocaciones

Evocaciones

Hoy he tenido mi celebración con Ravel. Hemos estado él y yo, porque él también estaba, siempre está. Y es que Maurice Ravel y yo compartimos el día de nacimiento, aunque él muchos años antes que yo, claro. Y es curioso que mucho antes de saber esto, antes de fijarme en este dato meramente anecdótico, yo ya sentía una especial atracción por su música. Su poder de evocación de recuerdos, de sensaciones, es tal... Su ligereza es tal, de lluvias, nubes, jardines a la sombra, risas de niños, grandes casas antiguas decadentes, juguetes de madera y candiles, de tiempos que ya no existen y quizá nunca hayan existido.

Y esta tarde, antes de vestirme para la celebración discreta en un restaurante, tuve mi momento a solas con Ravel. Tumbada en la cama con las cortinas descorridas miraba las nubes y me acordaba, escuchando su música, de muchos momentos que pasaron y otros que sólo obedecen a mi imaginación. Y recordaba a personas que ya no están, a otras que nunca conocí, y casi parecían estar allá, en las nubes, movidas por la música.

Es curioso su poder de evocación, que traspasa estados mentales, más allá de lo que podamos imaginar. Mi abuelo (que había sido melómano y tuvo la oprtunidad de ver muchos conciertos en toda su vida) ya con Alzheimer, tan sólo Ravel parecía sacarlo de su ensimismamiento. Lo reconocía y lo escuchaba con atención, quizás porque también a él le traía recuerdos.

El caso es que estas evocaciones íntimas, estas celebraciones entre Maurice y yo, son una de las pocas tradiciones que sigo año tras año. Este año nos han acompañado Krystian Zimerman al piano y Pierre Boulez dirigiendo, compañía inmejorable, por cierto. Concierto para piano y orquesta en Sol mayor. Una belleza, sobre todo el segundo movimiento.

Un pequeño homenaje a un gran, gran compositor, conocido sobre todo por el Bolero (excelente ejercicio de orquestación), pero cuyas otras obras, menos conocidas, son de una delicadeza y belleza extraordinaria.

Foto: Maurice Ravel

Bálsamo

Bálsamo

Lo bueno de ser un bálsamo, un narcótico, un tranquilizante, es que eres de usar y tirar. Bueno, mejor de consumir. Te toman como una pastilla cuando hace falta y luego te olvidan hasta que sienten de nuevo la necesidad de consumo. Además, ocupas poco sitio en la estantería y eres metabolizado con rapidez.

Para eso estamos los bálsamos en una sociedad que nos consume rápidamente. El problema es que no hay bálsamos para los bálsamos; no los fabrican. Se supone que los bálsamos no necesitamos bálsamos ni nada porque no somos personas, somos pastillas.

Ayer se despidió de mí un usuario de tranquilizantes, o sea, un usuario mío. Me dijo "gracias por tu mágico bálsamo, no sabes cómo ayuda" y luego terminó con un "hasta siempre" (lo de mágico se lo podía haber ahorrado, que una es pastilla, pero tampoco es para tanto). El día anterior me había escrito exigiendo su bálsamo, que tardaba un poco en llegar porque la farmacia no está siempre de guardia.

Y yo no sé por qué soy una pastilla. Es posible que sea una mutación genética o un extraño caso de identificación con tranquilizantes: es decir, yo me creo que soy una pastilla y actúo como tal. En ambos casos, el problema tiene difícil solución. Sería más fácil si me hubiera mutado en microondas o me identificara con un hamster, por ejemplo. No se me exigiría tanto.

El caso es que el problema es mío, tanto si es por mutación como por identificación. Es normal que las personas necesiten tranquilizantes en los malos momentos, lo que no es normal es que yo sea una pastilla parlante. Por suerte, la Industria Farmaceútica todavía no me ha descubierto ni está sacando dinero a mi costa.

¿A las pastillas les duele ser pastillas?

Sonrisas del norte

Siempre me preguntan, como frase hecha, (me imagino que para decir algo) que cómo puedo soportar este clima tan horrorosísimo con lo bien que se vive en el sur con el solecito ese tan molón, la marcha de la gente etc. Y yo digo que vivo aquí, en el norte, y que vivo muy bien así, que disfruto de lo que hay y me bajo al sur de vez en cuando a torrarme. Pero me imaginan muy "infeliz", porque según dicen, la gente de aquí es muy sosa y aburrida. Y sí, claro, no están todo el día en plan lolailo, vamos, que no son la alegría de la huerta precisamente.

Y me pregunto entonces por qué percibo tras mis periplos por internet que hay mucha gente en España que tiene serios problemas de depresión a pesar del sol radiante, la dieta mediterránea y la vida marchosa y ocurrente cien por cien que llevan. Lo lógico sería que fuésemos los que vivimos en el norte los que deberíamos estar así.

Y el caso es que, cada vez que voy a Madrid, veo a la gente más amargada, con los rostros y la expresión crispada y una mirada de mala leche que echa para atrás. Aquí, mis sosos te miran y te sonríen por la calle. Es normal, si se cruza la mirada casualmente con alguien desconocido, regalar una sonrisa en lugar de desviar la mirada o poner cara de perro a punto de morder. Y además, da igual que el desconocido sea hombre o mujer, porque esa sonrisa no es más que eso, una sonrisa, sin ninguna otra intención que la de sonreir.

Y por esas sonrisas anónimas diarias perdonas las nubes, el viento, el frío y el hecho de mojarte cada dos por tres. Si quieres perdonar, claro, porque también puedes dedicarte a amargarte la vida y añorar ese sol que aquí se deja ver menos. De hecho, la vida te la puedes amargar en cualquier parte. Mismamente, bajo el sol de Madrid.

Excusas

Hoy tocaba el Big-Bang. Sí, nos lo han explicado como tantas otras veces lo hemos leído o visto reportajes en la televisión. Yo siempre me pregunto qué habría antes de esa supermasa concentrada que explotó, porque es muy posible que hubiera algo, ya que todo se transforma, pero bueno, tampoco es que me preocupe demasiado.

El caso el que el físico que nos explicaba el fenómeno estaba todo el rato excusándose ante las diferentes religiones oficiales, unas cuatro o cinco, que habría en la sala. Decía que bueno, que son temas controvertidos, que las religiones no están de acuerdo, pero que bueno, que la ciencia ha llegado a tales hipótesis a través de cálculos, y que en fin, casi pedía un poco de misericordia frente a los diferentes cultos. Temía, de hecho, herir susceptibilidades religiosas (sobre todo frente a los musulmanes y cristianos) y se guardaba las espaldas, lo cual es comprensible, claro, pero a mí me ha dado mal rollo.

Y me ha dado mal rollo porque veo otra vez el auge de las religiones en una época en la que aparentemente se puede vivir sin ellas ¿O es que no se puede?. Y bueno, yo no tengo nada en contra del culto PRIVADO de una religión porque cada cual es libre de creer en lo que quiera, pero lo de darle un poder social me preocupa seriamente.

Ya sabemos lo que han hecho las religiones en la historia, como han abusado de sus poderes, como han manipulado a su clientela con la promesa de un "paraíso". Y me temo que siguen teniendo mucho poder, que se les sigue dando demasiado poder. Por otra parte, la Ciencia siempre tuvo serios problemas para abrirse camino. Sólo en este siglo se ha llegado a un reconocimiento en condiciones, aunque menos en condiciones de lo que yo creía, porque veo que no está todo tan facil.

El caso es que de los avances de la Ciencia, de los teléfonos móviles, de las comunicaciones vía satélite (porque la tierra resultó ser redonda y se mueve, que ya Galileo lo pagó bien en su momento)de avances médicos que, en los países desarrollados (de los subdesarrollados mejor no hablemos que es otro tema) mejoran y aumentan la calidad de vida, se benefician también los que practican cualquier religión. Así pues, cuando están enfermos se van al médico, como todos, y lo de la intermediación divina lo suelen dejar para cuando no hay arreglo posible. Pero en esos casos aparecen los Dioses y se los llevan al paraíso ya directamente, por eso de economizar gastos a la Seguridad Social: les ponen un par de alitas, y hala, a volar.

Y sí, los beneficios los recogen, pero a la hora de la verdad, sacan la furia religiosa secular, esa tan conocida. Y la Ciencia, como de costumbre, se echa a temblar y se excusa, se excusa, no vaya a ser que se enfaden.

Sin embargo, las religiones siguen campando por sus respetos y no excusándose de sus verdades absolutas. Ellas no se excusan.

Ahorro energético

Me gustan esos sistemas de ahorro energético que procura la moda, aunque por ahora, prefiero seguir siendo insolidaria (espero que Greenpeace me perdone). Me explico: hace un frío del carajo. Y esta mañana, en el tranvía, mientras yo me arrebujaba en mi abrigo de lana y movía los deditos de los pies en mis botas forradas en borreguito para que no se me congelasen, he visto entrar a una chica con tacones de aguja, pantalones de cintura baja y ombligo con piercing al aire. El caso es que la temperatura en la calle era de unos dos grados o así como mucho, por lo que no daba para muchas alegrías, pero ella parecía no notarlo. Y bueno, que me parece un sistema de calefacción bastante natural y ecológico, aprovechando los recursos hormonales humanos, que no son nada desdeñables.

El sistema en si es sencillo: a la vista del ombligo pierzado y el tanga, las hormonas masculinas se revelan, con lo que sube la sangre al cerebro aumentando inmediatamente la temperatura en todo el cuerpo y obteniendo así un sistema de calefacción absolutamente natural que no daña el medioambiente. Ese aumento de temperatura generalizado entre los usuarios masculinos también beneficia a los otros usuarios femeninos, porque caldean el ambiente. Y la persona solidaria en cuestión también ve sus buena acción ampliamente recompensada, porque aparte de beneficiarse de la subida de temperatura general, sabe que va muy fashion, a la hypermoda, y eso le sube la temperatura lo menos tres grados.

Los únicos días que he considerado el uso del velo como algo útil han sido los días de mucho biruji, en los que las veladas llevaban tapadas las orejitas y el cuello, con lo que se evitan un constipado (hasta me han dado envidia en alguna ocasión), pero eso de tener que achicharrarse en verano por lo de la decencia y otras utopías me parece una aberración. Eso de que los dioses (o el Dios o como se llame, que hay muchos y no me acuerdo de todos) obliguen a sus criaturas a que se achicharren para que sean decentes y eso (cuando sería mucho más facil suprimir las hormonas de un plumazo y así no hacerles sufrir con pensamientos pecaminosos) debe tener su razón en que se aburren mucho por allá arriba, con lo cual, ir al paraíso ese debe ser un coñazo. Aunque bueno, lo de verlas enveladas también da su satisfacción cuando vas de verano, con tus tirantes, escotes y sandalias y las ves con el veloncio ese de nylon, que debe hasta picar. Te entra un sudor frío de sólo pensarlo que sirve mejor que el aire acondicionado.

Nada, que son unas santas. De esta acabamos con el agujero en la capa de ozono.

¿Dónde están?

Alguien decía por ahí que el tiempo en internet transcurre muy rápidamente. Todo es rápido, lo novedoso enseguida se queda desfasado y cosas que ocurrieron hace una semana parecen mucho más lejanas en el tiempo, como si fuera un mes o así. Y ayer, al entrar en un foro de gente a la que "frecuentaba" desde hace más de un año, me di cuenta de que faltaban casi todos los más relevantes, aquellos que participaban más. Se fueron en bloque a principios de febrero por malos rollos.

Y recuerdo malos rollos, muchos, de cuando esta gente participaba en MC, el foro de Música Clásica. Un foro magnífico, que fue totalmente destruído por un tipo de dos caras: la babosa y la acosadora. Ya hace un año de aquello y todavía me parece estar leyendo los mensajes en directo. Y eso que deben haber pasado muchos más en esto de internet, tal como va de rápido el modem. A raíz de aquello se creó otro foro al que fueron a parar los disidentes (los insultados por el psicópta filósofo), gente muy distinta entre sí, pero con una relación buena. Yo tenía simpatía por algunos de ellos, aunque ya veía cosas que no me gustaban en otros. No me gusta la bondad. Es decir, no me gustan las personas que te hablan de lo buenas que son y de sus principios y esas cosas. Prefiero que me digan que no tienen principios porque así me parecen más naturales, conformes a la naturaleza humana. Y allí había unas cuantas así, vamos, que abundaban.

No sé si habrán sido los principios famosos los que han causado la debacle, pero me temo que sí. Todos tienen unos principios de la hostia. Debe haber sido la batalla de los superprincipios galacticos usados como bayonetas, arrojados al campo de batalla y usados para descurtizar al enemigo. El caso es que han desaparecido, y sus principios también. Y yo, que no tengo principios a no ser que se puedan usar como rimmel, me siento huérfana de principios ajenos. Y es que me molaba mucho leerles por eso de aprender lo que no conviene hacer. La verdad es que los echo de menos.

Y luego, mirando en otro foro muy querido, de una página en la que he participado hasta hace muy poco y en la que pasé muy buenos ratos, he visto que lo habían hackeado. Y ya va la segunda vez en un mes. Y produce una sensación muy desagradable ver cómo destruyen por un placer un tanto estúpido (porque vamos, que hacerse una paja es más entretenido y relaja más)el trabajo de una persona y el sitio donde mucha gente se comunica.

Acabas echando de menos a gente, viendo sitios, que antes eran paraísos, desolados, sin las risas de antaño. Es como la historia a gran velocidad, con batallas, guerras, genocidios, tiempos de bonanza, dictadores, religiones, sectas... En fin, termino ya que me rallo mucho.