grullas¿O eran avestruces? |
![]() |
06/07/2005Ahora que no me lee nadieAhora que no me lee nadie, que esto se ha quedado desierto tras meses de abandono por mi parte, me apetece decir que echo de menos esta bitácora y los buenos ratos que he pasado en ella. Ahora que no me lee nadie digo también que quizás vuelva, sí. Quizás regresen la grullas. Estoy en otro sitio ya, pero la nostalgia me hace pensar en regresar aquí, donde pasé tantos y tantos buenos momentos. 06/07/2005 11:20 Enlace permanente. Hay 10 comentarios. 14/03/2005Hasta luegoMe va a costar decir "hasta luego", pero creo que ha llegado el momento de hacerlo. Es mejor hacerlo ahora, cuando las palabras han comenzado a perder su ligereza, antes de que sean pesadas como el plomo. LLevo ya tiempo pensando en tomarme un descanso de internet, y si lo pienso es porque lo necesito. Por una parte, siento que éste es un medio magnífico de comunicación y me gusta escribir, leeros, hablar de temas distintos y a veces estrafalarios, reír, observar, vivir de esta manera distante pero cercana, porque me he sentido muy acompañada por vosotros. Y por otro lado me da un poco de miedo ese oscuro pozo de la red, adonde van pensamientos, historias, vida personal e incluso lágrimas. A veces, necesito desconectar el ordenador y volver a la vida, la vida real. Durante este año y tres meses me habéis acompañado y os estoy muy agradecida por ello. Por circunstancias personales vivo en un cierto aislamiento (por supuesto que ni estoy confinada ni nada por el estilo, tan sólo que paso mucho tiempo en soledad porque aquí se vive así)y leeros a diario, reír con vosotros ha sido algo extraordinariamente agradable. Zahorí estrenó mi temporada de blog, allá por enero del 2004 en "seamos cínicas", con Parapo tuve algún pequeño roce, sin sangre, que luego se saldó con una relación bastante civilizada. Ericillo, la única persona que aparece por aquí a quien conozco personalmente, ha ido y venido con prisas, corriendo siempre y dejando una palabra amable. Bambolia, con quien llevo años conversando y compartiendo batallas virtuales en el mismo bando. Kiri, con su sentido del humor y su prosa poética. Ciri, y su ironía amable. Bernar y nuestras luchas de años, sin sangre también. Soil Takada, striper-filósofo, que se incorporó tiempo después a este invento. Duquena, con su enorme trabajo literario en Combray. Miranda, a quien conocía de otros mundos y apareció por aquí por casualidad dándome una agradable sorpresa. Qhrlhy, con sus porqués jeroglíficos. Y más recientemente Eurímaco, Kris y Malmäkaki. Además de otros que se pasan esporádicamente o me leen y no dicen nada. No sé si me dejo alguno en el tintero, pero si es así que lo diga y disculpe mi error, que intentaré subsanar. Ha sido muy agradable, gente. Y quiero agradeceros especialmente que me hayáis acompañado en los momentos difíciles que tuve durante el embarazdo complicado que pasé. Hubo un momento durísimo que me hizo perder la frivolidad y me convertí en grulla, y allí recibí vuestra amabilidad y vuestro consuelo, siendo algo que no olvidaré jamás. Tampoco olvido y agradezco muy especialmente la atención y el cariño virtual que me demostrásteis en mis dos últimos meses de embarazo, cuando tenía mucho miedo y me sentía más sola que nunca. Me hizo mucho bien que estuviérais ahí. Como es lógico, me cuesta la despedida, ya que os tengo aprecio y de alguna forma me cierro una puerta de comunicación, pero prefiero hacerlo porque por una temporada voy a estar en silencio, ya que no consigo encontrar la forma de que mis palabras sean ligeras. Así evito que estéis entrando y saliendo (como observo en las estadísticas) por si escribo algún post nuevo, cosa que no podrá suceder en un tiempo. Cuando regrese aquí o en algún otro sitio os avisaré por e-mail. Para las personas con las que no tengo contacto por e-mail dejo aquí una dirección donde podéis contactar conmigo, o si lo preferís, podéis dejarme vosotros vuestra dirección y yo me pondré en contacto con vosotros. Mi dirección es: aliosha.karamazov@gmail.com. Gracias a todos y besos surtidos. Hasta cuando las palabras recobren su ligereza. 04/03/2005NormasAnoche, en "Las Cerezas", Julia Otero entrevistó a una pareja compuesta por dos estrellas del porno. Una pareja simpática y que, contrariamente a lo que pueda parecer por su profesión, parecían tener la cabeza bien puesta (estas sorpresas que te hacen salir de lo establecido previamente me encantan). Hablaron sobre su relación y como la compatibilizaban con su profesión, ya que podía dar lugar a celos y malos rollos. Y en un momento dado lo que me llamó la atención fue que el actor porno dijera que aceptaba la profesión de pornostar de su chica y que lo llevaba bien siempre que el otro partenaire la "respetase". Y el respeto, en este caso concreto, consistía en que el actor porno, antes de la escena, no debe excitarse con la actriz que le ha tocado en suerte (nada de sobarla ni cosas parecidas) sino que se tiene que mentalizar solito. Normas, curiosas normas. Da la impresión de que no existe un mundo sin reglas. Hasta en la industria del Porno, un mundo ciertamente marginal, donde pareciera que las normas son lo de menos, hay reglas de comportamiento un tanto estrictas, quizás para dar seguridad, sensación de control ante una situación confusa. Sucede a menudo, también, que personas con comportamiento delictivo, al margen de la sociedad, tienen su propio código de honor y se consideran a sí mismos honorables y leales con sus colegas. Quizás se base esto en que uno no puede darse mala imagen de sí mismo si tiene que sobrevivir, y pese a las circunstancias y el comportamiento propio tiende siempre a excusarse y a encontrar en sí una serie de cualidades positivas, que curiosamente, concuerdan mucho con las de la sociedad bienpensante a las que en principio se oponen. Se imponen normas, y muchas veces, incluso, más estrictas que las de una persona estándar (que a veces son insoportables). Es extraordinariamente raro encontrar a alguien que se considere a sí mismo como desleal, mala persona, traidor etc., aunque a efectos reales lo pueda parecer a los demás por su comportamiento. Siempre se encuentran excusas. Pareciera que se puede vivir sin normas. Es curioso, porque uno de los mayores deseos del ser humano, deseo íntimo en muchos casos, es saltarse la normas. Y sin embargo no puede vivir sin ellas. 02/03/2005Erotika Biblion Nunca me leí la Biblia, ya que mi educación fue siempre laica. Para lo único que la usaba en casa era para jugar abriéndola por una página al azar y leyendo lo que ponía. Y nunca me ha importado no haberla leído ni la ehcho de menos, pero últimamente, en mis pesquisas sobre el "libertinaje", tema que me interesa bastante, me he enterado de la existencia de Erotika Biblion, de Mirabeau, que lo escribió mientras estaba en prisión y trata de sacar toda la sexualidad implícita que encierran los textos de la Biblia.Y claro, ahora, precisamente ahora que menos tiempo tengo, es cuando tengo ganas de leerme la Biblia y el Erotika Biblión, porque debe ser de lo más interesante. He llegado a leer incluso, en palabras de un rabino judío, que la Biblia contiene una gran cantidad de pornografía. Y entonces ¿cómo se las han apañado durante siglos los teólogos y los religiosos para ocultar toda esa concupiscencia? Y sin poder aún decir "sí, este pasaje de la Biblia es pornográfico" digo (con riesgo de que Bernardette, mi avestrucita querida, se me rebote) que no me extrañaría nada porque leyendo cualquier libro, cualquier obra sea antigua o moderna siempre hay resquicios para el sexo, que es un tema obsesivo para los humanos, cuando no trata exclusivamente sobre sexo. En lo único que, me temo, no hay lugar para el sexo es en los tratados de ingeniería, aunque nunca se sabe, porque a mí siempre me han puesto mucho las grandes obras de ingeniería, tanto es así que las plataformas petrolíferas me dejan totalmente traspuesta y mi intención, cuando se pueda, es tener la oportunidad de visitar alguna de estas que hay en el Mar del Norte. Y los libros que hablan sobre mantener la castidad y leyes morales de ese tipo suelen ser los que más inciden en el sexo al hacer deseable lo prohibido. De hecho, en mi opinión, leer a los clásicos tiene una enorme carga erótica, si bien es de un erotismo tremendamente sutil, incluso moralizante muchas veces dada la presión social de la época. Como ejemplo, el morbazo impresionante de tipo erótico que tiene "Crimen y Castigo" con la relación casta entre Raskolnikov y Sonia, la prostituta piadosa. El autor mantiene hasta el último suspiro la intriga sobre si habrá o no encuentro carnal. O en "Noches Blancas", donde Dostoievski nos describe a una, en mi opinión, finísima calientapollas en Nastia, criatura apasionada de una pureza impresionante por irreal. Y si nos remitimos a Cervantes, tan de moda en este año (¿Hay que leerse otra vez el Quijote? Yo lo he leído dos veces: una por querer hacerlo, a los 16 años, y otra por obligación, a los veinte, y creo que he cumplido dado que la mayoría de los españoles no se han leído tan siquiera un capítulo de la Obra Universal, así que esta vez, si es posible, prefiero no saber nada del Quijote y que no me den la brasa con tanto año de Cervantes), sus hermosas doncellas deshonradas y vueltas a honrar por obra y gracia del desmayo tenían un punto de morbo que me hacían la lectura más interesante, ya que siempre andaba el sexo, aunque de tapadillo, por medio. Y así tantos y tantos otros, que hacían de la intriga sobre si habría o no deshonra y el morbo sobre las deshonras varias y la tensión sexual no denominada así, claro, un nexo de unión del lector con el libro. Sin sexo, me da a mí que no se escribe ni un tratado de matemáticas. La trigonometría, de hecho, es eminentemente fálica. 26/02/2005A Change is Gonna Come Y reía, reía y jugaba con mi criatura mientras escuchaba música. Le gusta verme hacer payasadas, ríe, le gusta verme bailar. Se me queda mirando con esos ojos llenos de curiosidad y me lanza sonrisitas coquetonas mientras yo, a riesgo de darme una buena hostia escurriéndome en el parquet, le hago figuras un poco torpes, pero con muha iniciativa. Y entre cha cha chas, twist y mambos varios, mientras descanso un poco mis piernas, últimamnte poco acostumbradas al ritmo de baile que les imponía antes, aparece él.Apareció de improviso. De repente, esa canción llamó mi atención hasta el punto de que me quedé quieta, parada, y me senté mientras la mente se me iba muy lejos, lejos en la distancia y el tiempo, como si respirara cincuenta años años atrás. La volví a poner otra vez, y otra como hipnotizada y supe que esa canción era "algo". Triste, esa tristeza, esa profundidad, esa melodía, esa belleza en la modulación de la voz, en cómo lo dice. Y busqué, busqué en internet. Y supe que en 1964 Sam cooke había muerto asesinado, en extrañas circunstancias, por la dueña de un motel, que, en teoría, actuó en legítima defensa de terceros cuando una joven acusó al cantante y compositor de haberla secuestrado e intentar violarla en dicho motel. Y supe, sin haber leído aún sobre ello que esa canción, de alguna forma era una de sus últimas canciones, como un epílogo. Porque se notaba que era un epílogo, porque no podía ser de otra forma. Y sí, fue una de las últimas canciones que escribió, poco antes de caer bajo los disparos y ser rematado con un bate de baseball. A Change Is Gonna Come (Sam Cooke) As Performed Sam Cooke (1964) I was born by the river in a little tent And just like the river, I've been running ever since It's been a long time coming But I know a change is gonna come It's been too hard living, but I'm afraid to die I don't know what's up there beyond the sky It's been a long time coming But I know a change is gonna come I go to the movie, and I go downtown Somebody keep telling me "Don't hang around" It's been a long time coming But I know a change is gonna come Then I go to my brother and I say, "Brother, help me please" But he winds up knocking me back down on my knees There've been times that I've thought I couldn't last for long But now I think I'm able to carry on It's been a long time coming But I know a change is gonna come Una canción en la que Sam Cooke, que fue detenido por los disturbios causados tras serle denegado el registro en un hotel, expresa su dolor por la segregación racial y su esperanza de que la situación cambie. Canción inspirada al escuchar "Blowing in the wind", de Bob Dylan, porque pensó que "no podía ser blanco quien había escrito una canción así". Los beneficios de esta canción fueron donados a la Fundación de Martin Luther King. Y me pregunto, cuando la escucho, cuando percibo tanta belleza, cómo pudo morir así, de una forma tan absurda. Y más allá de si la joven que lo acusó de querer violarla mintió o no (parece ser que era una prostituta, lo cual no exime, por supuesto, a un violador, pero surgen más dudas sobre el caso), y más allá de si él fue culpable o no de un acto tan repugnante, no acabo de salir del estupor que me produce una muerte tan cutre, tan desolada y tan estúpida para alguien capaz de componer canciones "así". La belleza y lo cutre se rozan, se entremezclan de una forma que da vértigo. Y yo sigo asombrada, hipnotizada y escucho su voz una y otra vez, como modula cada palabra que canta, esa ligera forma de quebrarse. Belleza, belleza, y no quiero ver, no puedo ver lo cutre que hay debajo. "Lady, you killed me", parece que fueron sus últimas palabras. Y suena hermoso, bello a rabiar en la cutrez desesperada. 25/02/2005Post Valium¿No decía yo que no iba a contar mi día a día? Pues ahora me apetece llevar la contraria. Preparaos para sesiones de tortura intensiva con bostezos de cincuenta segundos, lo menos. Mis días tienen dos horarios para comenzar, que los marca un encantador reloj biológico de sonrisa fácil y boca hambrienta. Sea a las cinco de la mañana, sea a las siete y media. Me levanto dormida y con el sentido del equilibrio un tanto torpe, por lo que tengo que hacer verdaderos esfuezos para no darme de hostias con las puertas. Y el miedo de que esa torpeza cause algún accidente al reloj biológico me hace espabilar y despertarme. El reloj biológico come, es atendido en sus necesidades y una vez acostado de nuevo intento irme a dormir otra vez, pero no es posible, porque el reloj biológico tiene ganas de comenzar el día a pleno rendimiento y protesta. Entonces me llevo al reloj biológico al salón, a su parque, con sus juguetes y yo me tumbo en el sofá, a su lado a ver si hay suerte y se duerme y me puedo dormir yo también, pero el reloj biológico, que sabe que estoy ahí, no deja de mirarme y protestar cuando se le cae el chupete, (cada dos minutos), por lo que mi periplo en el sofá es accidentado, y al final acabo levantándome con sueño, pero sabiendo que no podré dormir. Desayuno un brebaje un poco asqueroso que no detallaré, pero no puedo desayunar otra cosa más normal porque tengo prohibidos el café y la leche de vaca. Y me ducho, sí, eso todos los días y fiestas de guardar, e incluso en Cuaresma. Y miro por la ventana y hay nieve y sol, y está todo muy bonito, pero hace un frío del carajo y sólo de pensarlo no me entran ganas de salir. Aunque saldré, claro. Me tengo que vestir con ropa deportiva, más bien ligera, y con pantalones de deporte estilo pirata, que dejan mis tobillos y parte la pierna al aire, salgo, llevando conmigo el carrito con el reloj biológico en dirección a la consulta del preparador físico. Hace -3 o así. Y yo con los tobillos al aire... Llego a la consulta y el preparador físico aún no ha llegado. Espero y llega diez minutos tarde. Esta vez se excusa y no le digo nada, pero me hace gracia que una vez que yo llegué tarde bromeara con que los españoles somos muy impuntuales. Y yo le dije que sí, que claro, que muy bien lo que diga, que con mi reloj biológico tengo razones más que fundadas para llegar tarde, ya que no es fácil salir a la hora, pero que seguro que tiene toda la razón y aún más. Es flamenco. Y de una forma perversa, cada vez que lo veo se me asoma a la cabeza traviesamente la canción de Brel "Les flamandes". Y mientras recupero los abdominales el reloj biológico protesta porque me quiere ver y claro, yo estoy en el suelo o a cuatro patas, en posturas no muy dignas, todo hay que decirlo, y no alcanza a verme. Y Jim se encarga de ponerle el chupete mientras le dice "bodibodibodi", que no sé qué podrá significar. Y casi me entra la risa de ver a un pedazo de tío enorme, de dos metros, haciéndole tonterías a mi reloj biológico para entretenerlo. Y vuelvo a casa baldada. Ya han pasado cuatro horas y el reloj necesita comer. Y come. Y después quiere brazos y jugar. Y voy haciendo cosas diversas mientras lo atiendo. Chupete arriba, chupete abajo. Me conecto, me desconecto. Escribo un mail. Lo paso a borrador porque no puedo terminarlo. Voy escribiendo los mails y los post a trozos. Teléfono, cartero, farmacia. Catálogos y culebrón infumable mientras le doy de comer. ¿Cómo va el bostezo? Para mí es un alivio contaros esto ya que hoy no tengo nada que decir pero ando de lengua fácil. Vamos, que tengo que decir lo que sea, y mientras más intranscendente mejor porque no me apetece pensar lo más mínimo, y menos subirme a las alturas etéreas sublimes esas que se ven tanto por los blogs (A lo máximo que soy capaz de subirme es a un árbol, y eso porque en mí aún queda el recuerdo subsconciente de mis antepasados monos, a quienes les debo una agilidad considerable y el gusto por los plátanos). Y así me quito de encima la carga de no poder publicar post por exigirme algo a mí misma que no sé ni lo que es. Porque, en fin, a estas alturas, y sabiendo que nunca he podido acceder a dominar las reglas de la gramática, que otros usan holgadamente, no me voy a estar pidiendo lo que nunca voy a conseguir. Suena Sam Cooke, "Good Times". Y ahora me voy a pasear por el sol de nieve al reloj biológico, de sonrisa encantadora y mirada profunda por las calles de clos, ante casas de ladrillos rojos y fachadas modernistas de Maison de Maître. Y luego prepararé el árduo fin de semana de visitas que me espera, pero eso ya no lo cuento porque tengo piedad, criaturas. Creo que este post Valium puede ser magnífico para cuando tengáis una noche de insomnio. Es que siempre me acaba saliendo la vena solidaria. Una que es así de bueníssssima y maravillossíssima. Algún día contaré mis obras de caridad y eso. Aclaro que nunca como filetes rebozados. 11/02/2005Veinticuatro, coma, nueveUno de los tópicos más comunes que se encuentran por ahí es el de "hay siete mujeres por cada hombre en el mundo". A veces, los más modestos lo rebajan a "cinco mujeres", lo cual es un detalle, pero no deja de ser interesante que ese dato se repita desde hace años, aunque la demografía mundial haya cambiado, y el número de "siete" se mantenga intacto. Lo suele decir, casi siempre, un hombre que así defiende su posición de imprescindible, ya que, es evidente que siete mujeres en el mundo están como locas por conseguir sus servicios. Siete mujeres mayores de setenta años, se supone que locas por el especimen en cuestión. En algunos países puede que tras tremendas guerras y enfermedades haya un hombre por cada siete mujeres, pero la media mundial no creo que sea así. Si acaso, digamos que hay más ancianas que ancianos, ya que la mujer que sobrevive vive más años, aunque tampoco está tan claro, ya que muchas de ellas mueren de enfermedades debido a que en muchos sitios aún se dispensa una mayor atención sanitaria a los hombres que a las mujeres, al ser consideradas estas como inferiores. Por ejemplo, en el Tibet, aún hoy en áreas rurales (el Tibet profundo, evidentemente, no el más desarrollado), a las mujeres que están de parto se las expulsa fuera de la tienda, aunque nieve, y en ocasiones se las envía al establo, ya que dar a luz se considera una "acto impuro". Marco Polo, sin embargo, hablaba del Tibet como de un país donde las mujeres eran libres, ya que consideraba la poliandria como una forma de libertad sexual, sin saber que esos matrimonios eran impuestos (dos hermanos se casaban con la misma mujer para evitar que se dividiese el patrimonio familiar). En fin, hay visiones para todo. Pero bueno, si me dicen que somos siete mujeres por cada hombre yo me lo creo. Da gusto ver al que lo dice con los ojos brillantes, sabiéndose vencedor del momento porque ha aludido a una estadística totalmente verídica e incontestable que circula por ahí desde hace años y nadie sabe con exactitud se dónde ha salido. Ya se imagina, mientras lo dice, él, que con dificultad quizas se aparee tres o cuatro veces al año -y eso si hay suerte, los orangutanes una vez cada cinco años, por lo que pueden darse por afortunados- a siete mujeres con tacones de aguja y balones de rugby esperando en la puerta de su casa a que él se digne ocuparse de ellas. Y a mí me gusta ver a la gente feliz, con ojos brillantes, sonrisa de oreja a oreja y el pecho inflado de triunfador omnipotente, así que he decidido que esa estadística que se ha quedado estancada desde hace años, tiene que evolucionar. Caballeros, no hay siete mujeres por cada hombre, ese dato está obsoleto: hay veinticuatro, coma, nueve mujeres por cada hombre. Hala, que ya se pueden poner a esperar sentados en las puertas de sus casas a que a cada uno le aparezcan las veinticuatro, coma, nueve mujeres que les corresponden. 31/01/2005RutinasFue en un área de descanso en la autopista que lleva de Lorient a Rennes, Bretaña. Paramos a comer algo, un sandwich y fruta. A nuestro lado había aparcado un coche con una caravana. Volvían de vacaciones en la playa. Últimos días de agosto del 2002. Era un matrimonio mayor, muy entrado en años. Eran delgados y silenciosos y nos miraban con curiosidad porque, aparte de no parecer de la zona, teníamos una matrícula que era un enigma, difícil de identificar incluso para ciertos policías no muy enterados que a veces nos seguían de cerca. Nos sentamos en una de esas mesas de madera estilo merendero y comenzamos a comer, deprisa, riendo. Ellos nos observaban en silencio. Sentados en un merendero al lado del nuestro empezaron a sacar tarteras y cubiertos. Un hule, servilletas, platos, y se pusieron a comer pausadamente sin quitarnos la vista de encima. Tanta vigilancia me resultaba agobiante, así que les sonreí. Me sonrieron. Sonreímos todos en silencio. Y siguieron mirando. Entonces yo los miré a ellos, más que nada por estar en igualdad de condiciones, y observé su hule de los años sesenta, sus platos psicodélicos de plástico gastado y desteñido, esos vasos de picnic de plastico naranja que estuvieron tan de moda, sus ropas ajadas -con una edad de treinta años, quizás- y con el color gastado de tanto lavado metódico y cuidadoso, la comida cuidadosamente ordenada en recipientes de plástico lavados una y mil veces. Ellos eran metódicos y comían con gestos muy contenidos, rígidos, con sonrisas silenciosas y sin hablar, sin que un gesto de más se les escapara. Observé su caravana: antigua, muy antigua, como aquellas que empleaban los primeros extranjeros que se iban de camping. Su orden, su rutina. Pareciera que el tiempo les concediera el Sísifo de una vida de tupperware. Una vida de tupperware,- pensé- y me dió un escalofrío. Toda una vida ordenando la comida en aquellos recipientes de plástico. Siempre las mismas rutinas de silencio. Y así cuarenta años. Más escalofrío. Nosotros viajamos con un orden meticuloso, entre pocas maletas cerradas, coche limpio, brillante y sin una sola bolsa o paquete de kleenex fuera de su sitio. Pero aún quedan risas. |
Temas
Archivos
EnlacesPersonales
Otros
|