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grullas

No comprendo

No comprendo

Digo que comprendo, que entiendo, pero no sé por qué lo digo. Porque no comprendo.

Como Holden Caufield, que decía algo aunque no quisiera en realidad hablar de ello sino de algo muy diferente. Y resulta extraño sentirse como Holden a mi edad, cuando se supone que pasé ya la adolescencia hace mucho. O quizás no, quizás la adolescencia no se pase nunca y se enmascare de madurez y raciocinio porque es lo que hay que hacer.

Hace años, en la estación de Burdeos, mientras esperaba un tren, ví subir las escaleras de los subterráneos a un niño de unos siete años con una maleta enorme que arrastraba a duras penas. Detrás, su padre, también cargado, y tres hermanos pequeños cargados cada uno con lo que podía. Por último, la madre llevaba otro bebé en brazos. Un velo islámico gris cubría pudorosamente sus cabellos.

El niño de la maleta ya era adulto, con su carga, sus hermanos, su disciplina de buen hijo. Imaginé que seguiría meticulosamente todas las obligaciones, todas las responsabilidades que una vida de sacrificio y trabajo le impondría desde un principio y me dió un enorme tristeza esa mirada en la que ya no se avistaba al bebé que era hacía tan poco tiempo. Supe que ya era adulto, que la adolescencia no llegaría porque nunca llega para esos seres a los que el deber llama desde la cuna. Y pensé que la adolescencia, vivida como tal, es un lujo.

Por eso sé que no comprender, no entender, es un lujo que me puedo permitir porque no estoy obligada a comprender ni a entender cualquier cosa. Hay personas que llevan ya el camino marcado y entenderán aquello que deban entender, sin salirse un milímetro. En mi adolescencia tardía y desfasada, recuperada a golpes de frivolidad y cinismo(*), yo puedo permitirme la duda, la contradicción y el desconcierto. Un lujo.

No comprendo y sonrío estúpidamente. Un lujo.

(*) Ésto es para aquellos que disfrutan repitiendo ambas palabras maquinalmente (de una forma absolutamente genial y talentosa, por supuesto) cuando se refieren a mí. Lo hago por altruismo, para que disfruten un poco y de paso irme ganando el Nirvana.

Onírico

Sí, porque va de sueños. Me gusta que la gente sueñe.

Oigo mucho por ahí eso de "no me creo peor ni mejor que nadie pero los tales son unos imbéciles, unos degenerados y..." Evidentemente, eso no es creerse mejor que los "tales" ni ponerse en posición de superioridad con respecto a ellos, porque el que lo dice, por descontado que tiene el ego más equilibrado del planeta. O por lo menos lo sueña, y eso es enternecedor. Mola eso de soñar que uno, cuando ataca a los demás, no se intenta poner en posición de superioridad y el ego nunca está presente.

También se lleva el creerse un monstruo que puede hacer toda una serie de atrocidades (porque las piensa, porque pensar burradas es de lo más normal) y decirlo angelicalmente, sin hacer una sola atrocidad e incluso siendo amable. Otro sueño de esos molones que hacen que uno se sienta poderoso en su supuesta peligrosidad. El caso es que los seres que hacen atrocidades de verdad, sueñan con ser santos y tener causas muy justas y precisas para cometer esas atrocidades. Ellos no sueñan que son monstruos, sino que hacen justicia.

Para esta temporada otoño-invierno se lleva el manifestarse absolutamente en contra de la hipocresía y decir que uno no es hipócrita en absoluto, que la hipocresía es lo que más le molesta e ipso-facto decir lo que haya que decir según el politiqueo correcto de turno para que el grupo social no se encabrite o hacer la pelota a los web-masters. Soñar que uno no es hipócrita es de lo más molón y sube mucho la autoestima.

Todos estos sueños, y más, que abundan, son muy necesarios para la supervivencia de la especie ya que, lo importante no es lo que seas en realidad, sino lo que creas que eres. Por ejemplo, yo sueño con que soy Cleopatra, y eso que tengo el pelo rizado y no puedo ni ver a las serpientes (males menores porque me puedo hacer un brushing y comprarme un par de bivchas de plástico). Estoy convencida de que soy Cleopatra, vamos. Y a ver quién me convence a mí de que no lo soy.

Ya ni con los culebrones te puedes dormir a gusto. Ayer me puse uno para dormir la siesta al son de los suaves acentos caribeños y nada, que no había manera de dormirse. Gritaban como condenados, se pegaban, se insultaban todo el rato. Siguen siendo ñoños en lo esencial de la ñoñería de un culebrón: la virginidad femenina alzada a los altares, la bondad tontorrona que acaba ganando sobre la perfidia perfidiosa, que todo se solucione por algún milagro en lugar de por tomar una decisión con algo de sentido común... Pero todo a gritos y con una violencia desmesurada. Eso sí, no se ve un solo desnudo. Qué lástima.

Y recuerdo cuando era niña. Me llevaron a ver una película una vez (tendría yo cinco o seis años) autorizada para todos los públicos y había alguna escena de violencia, me imagino que no muy explícita. Tuve pesadillas durante mucho tiempo y además, no quería ni por asomo volver al cine porque lo había vivido como real.

Bonjour tristesse

Me acabo de enterar de que ha muerto Françoise Sagan. Era una escritora, que si bien no fue considerada por la "intelectualidad" de su época dado su estilo ligero y sus temas no comprometidos, me llama mucho la atención.

Hace unos meses leía la carta pública que ella le envió a Sartre cuando éste, enfermo y cerca ya del final, había sido rechazado por la intelectualidad. Dos personas que no habían tenido nada en común durante años y se habían ignorado como escritores al pertenecer a círculos diferentes se hicieron muy amigas en el último año de vida de Sartre. Me gustó esa conciliación entre ambos mundos, que se despreciaban abiertamente entre sí. Hermosa carta y hermosas las palabras de Sagan a Sartre, a quien empecé a ver de otra forma, menos visceral y más adaptada a lo que él era: un hombre que se equivocaba, como todos, a pesar de que me sigue cayendo mal (no lo puedo evitar).

"Bonjour tristesse", el título de la primera novela de Sagan, con la que saltó a la fama con tan sólo 19 años y en la que explica - de una forma absolutamente innovadora para la época - los sentimientos contradictorios e "impuros" de una adolescente, algo que entonces era un tema tabú, porque la imagen que se tenía de la mujer estaba condicionada por la literatura escrita por hombres, que muchas veces se dejaba llevar por fantasías y visiones un tanto parciales de la psique femenina.

Sagan abrió un camino en la ruptura de tabúes.

Descanse en paz.

Fábula del pianista

Fábula del pianista

Una vez le atizé una buena hostia a un pianista con un paraguas. Sí, es verídico. Por suerte no le afecté órganos vitales, pero lamentablemente, tampoco le sirvió de nada (a mí sí, es evidente mi sentido práctico). Y es una lástima que si te atizan una hostia dolorosa y fuerte con un paraguas no te sirva para nada ni aprendas de la situación. Lo que hizo el pianista en cuestión fue quejarse amargamente frente a personas que, supuestamente, me podían meter en vereda de que yo era una salvaje, pero no se paró a pensar el porqué de la hostia.

La enseñanza de toda esta maravillosa fábula de pianista, sonatas y paraguas, es que si te ves en la situación de tener que dar una buena hostia (lo de pianista es optativo, podéis elegir profesión a la carta), no pienses en el favor que le vas a hacer al otro ni la enseñanza que vaya a recibir a consecuencia del castigo -lo más probable es que no aprenda nada - sino en comprarte un buen paraguas, robusto y resistente, que te aguante la estocada. Que no estamos para andar comprando paraguas nuevos todos los días.

De lo sublime

"Si los españoles hablásemos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar."

Esta frase la encontré hace poco atribuída a Manuel Azaña.

Y es eso lo que yo echo de menos: opiniones pensadas. Leo y leo porque me interesa saber qué es eso tan abstracto e intangible de la "opinión pública" y me encuentro con una repetición incansable de tópicos, tanto de los antiguos y decimonónicos como de los modernos. La información que no se ajusta a esos tópicos se escurre. No se capta entre el farfullo incansable.

A veces, encuentro opiniones interesantes en algún lado, porque las hay, pero no suelen llamar mucho la atención. Se pierden empanadas entre farfullos y más farfullos que repiten siempre lo mismo. Con frecuencia, personas que tienen unas opiniones bastante ajustadas a los estándares (ya sean estándares de un tipo como de otro, que los hay variados por eso de poder discutir con los contrarios) hablan con engolamiento de cómo llegaron a esa conclusión, como una de ellas a la que leía ayer y decía que sus opiniones eran fruto de su "experiencia en la vida" y añadía que creía en lo "sublime del ser humano". Nada del otro mundo, pues. Vamos, que no me asombra lo más mínimo que creyera en lo "sublime del ser humano" dado lo sublime de su opinión. Y hay tantas y tantas opiniones sublimes que, evidentemente, la sublimidad es un hecho.

El caso es que mi experiencia en la vida no me da para tener opinión sobre todo lo que se mueva. Me da para ir tirando y poco más. Hay temas que, por interés o causas variadas, conozco un poco, y en ellos sí tengo opinión (subjetiva, claro, porque eso son ls opiniones), aunque muchas veces no una opinión clara e inamovible porque contínuamente aparece información que indica que bien pudiera no ser así, pero la mayoría se me escapan. Para lo básico, eso sí, procuro no dudar demasiado, porque si llueve y dudo sobre si llevar o no paraguas y sus consecuencias éticas al estar fabricado en la India o el impacto medioambiental dado que es un tejido plástico, me puedo pillar una pulmonía, lo cual no estaría mal por eso de tener una mayor experiencia en la vida, pero tendría que reposar en cama con un pijama fabricado en Vietnam, lo cual me suscitaría otra serie de dilemas éticos.

Pero el caso es que está bien leer siempre los mismos tópicos y volver a releer siempre lo mismo porque al final te lo aprendes de memoria y lo rezas por la noche antes de ir a dormir como lo de "cuatro esquinitas tiene mi cama", con lo cual te duermes tan pancho, tan feliz de ser tan sublime, y es mucho menos aburrido que contar ovejitas.

Sr. Azaña, (lo de D. Manuel me da yuyu por eso de los tratamientos de Don, tan clasistas. Boooo...) me temo que enviaré inmediatamente su frase al olvido. ¿Para qué queremos pensar con lo a gusto que estamos así? Ande, no sea aguafiestas.

"Pensaba que si me pasaba el resto de mi vida en la cárcel no perdía nada"

Palabras de un skinhead nazi condenado en Inglaterra por agresiones (y no sé si por asesinato). Me llama la atención esta frase porque indica hasta qué punto esta persona no valoraba su vida. Frustración, frustración que por medio de agresividad descarga en los "otros", aquellos que son negros o de otra raza y, en teoría, harán que la raza blanca desaparezca de la faz de la tierra. Así pues, este skinhead, excusaba la dificultad que tenía en manejar su propia vida en la "maldad" y la "persecución" de los otros. Una excusa perfecta para no verse cara a cara con lo que uno es.

Sin embargo, el cerebro del asunto, un hombre que sonreía beatíficamente, no parecía especialmente agresivo, al menos ante la cámara. Mientras cuatro o cinco skins nazis escuchaban su música de guerra y bailaban una danza agresiva propinándose empujones unos a otros y gritando consignas de forma compulsiva él sonreía observando a sus cachorros, preparados para lanzarse contra cualquier cosa que el jefe considerase "enemigo".

Estos "jefes" son expertos en canalizar la frustración ajena en beneficio de sus propios intereses. Es interesante observar como actúan porque el tipo de personalidad se repite en muchos medios diferentes, no necesariamente en el delictivo o marginal.

Bueno, que yo sepa, Chechenia no tiene petróleo. El petróleo está en el Mar Caspio.

La guerra sí es por el petróleo (entre otras causas muy oscuras por ambos bandos o incluso más bandos), pero por cuestiones de transporte de dicho petróleo a través de un oleoducto que pasaba por Chechenia y que fue destruído.

Ese oleoducto transportaba petróleo desde Bakú a Rusia y era de una enorme importancia para la mafia-intereses rusos. Ahora, la empresa inglesa BP, está construyendo un oleoduto que va desde Bakú a Turquía, el mar mediterráneo, atravesando Georgia y diversos territorios habitados por kurdos, donde están teniendo lugar numerosas expropiaciones.

Los intereses por el petróleo de la zona del Mar Caspio (Chechenia no tiene salida al mar) son variados e imposibles de conocer porque hay una corrupción bestial, la mafia campa por sus respetos y todos mienten.

Aquí mienten todos, chechenos incluídos (hay una mafia chechena poderosísima, que llegó incluso a tener un enorme poder en Moscú), y me temo que no sabremos con exactitud qué paso. En mi opinión, los secuestradores de Beslán no actuaban por los intereses del "pueblo checheno" (siempre que alguien actúa por el interés de un pueblo a mí me entra la desconfianza. Perdonen mi poca aficción al romanticismo), que ahora está más jodido ya que el ejército ruso va a ponerse a hacer más atrocidades. Además, muchos chechenos viven en toda Rusia, y sufrirán un intenso racismo, cada vez más fuerte. ¿En interés de quién actuaban a parte del interés propio? Enigmas, muchos, demasiados.

Flashes

Hoy he editado un mensaje en un foro un par de horas después de haberlo puesto. Tan sólo he dejado un escueto "Estoy de acuerdo con...". Y es que, después de haber escrito una respuesta sobre Beslán y el tristemente famoso secuestro de la escuela, me he dado cuenta de que me iba a traer una serie de "problemas".

Es un tanto exagerado llamar "problemas" a eso, pero veía ya que las opiniones estaban muy, pero que muy formadas, en lo referente al conflicto ruso-checheno, y que (conociendo el percal del foro y como se las gastan los melómanos) estaba llegando el momento de insultar a aquel que no se manifestase a favor de una determinada tesis. Me tocaba a mí, vamos, recibir los parabienes de cierto sector, muy democrático y tolerante, que lucha por la libertad etc. y está encantadísimo de la vida de ser así, tan superguays (de lo cual yo me alegro porque se les ve contentos, o algo así).

Y no es que me importe mucho lo del insulto, aunque es un tanto cansado y repetitivo, sino el hecho de que iba a tener que ponerme a buscar y traducir información para informar un poco al personal de qué iba la cuestión (creo que esto se llama argumentar o algo así), porque muy enterados no estaban, pero opinaban a base de bien (lo lógico y normal en estos casos). Trabajo, el de informar con noticias que han aparecido en medios a los que ellos no tienen acceso, no remunerado y de escaso valor informativo, porque les iba a resbalar todo lo que les dijera dado que tienen ya una idea muy precisa y clara de lo que está pasando en Rusia y Chechenia.

El caso es que en este asunto de Beslán posíblemente (casi seguro, pero no lo afirmo por si acaso) mientan como bellacos todas las partes implicadas y tan sólo sean fiables las informaciones de algunos rehenes. Ahora que, entre esas informaciones de rehenes también había contradicciones que no han sido aclaradas porque el impacto de la noticia se ha pasado ya y dejó de interesar, al menos en la primera página de medios occidentales. No hay apenas nada claro (muchos muertos, eso sí) y me temo que nunca sabremos qué sucedió en realidad dado el oscurantismo y lo poco fiables que son todos los poderes ahí implicados.

Y es que nos alimentan con flashes. Flashes que se suelen quedar en eso. Al día siguiente otro flash, y otro y otro. Desgracia tras desgracia, noticia tras noticia. Aparentemente, eso es estar informado, pero para entender el flash hace falta conocer la historia de antemano. Y en la mayoría de los casos desconocemos esa historia por lejana, compleja y ajena a nuestra vida cotidiana. Detrás de ese flash suele haber muchos puntos oscuros que nos es imposible dilucidar. Aparentemente, nos enteramos de todo y sabemos lo que ocurre en el mundo, pero me temo que no, que no lo sabemos.

Y sin embargo, creemos estar informados, cuando lo que estamos es saturados de flashes. Y es posible que ni siquiera queramos estar informados. No sé, se me plantean muchas dudas y quizas sea mejor no usar la primera persona del plural cuando estoy hablando de mí, porque no sé qué les ocurre a los demás, claro.

El caso es que borré mi opinión (muy subjetiva), un tanto dubidativa sobre el asunto, y sobre todo, no favorable a ninguna de las partes oficiales en conflicto que sepamos, que quizás (me temo que sí, porque hay mucho petróleo por medio) haya más (me refiero al poder totalitario de Putin y a los secuestradores, aparentemente favorables al independentismo checheno). Vaguería, hastío, cansancio de temas que no tienen final... No sé. A mí me dejaron muy mal cuerpo las imágenes, lo poco que tengo claro porque, como a tantas otras personas me impresionó bastante lo ocurrido, pero creo que eso no es cuestión a debatir.

De sufrimientos y eso

"Si no puedes cambiar la sociedad, destrúyete a ti mismo"

Parece ser que esa fue una frase muy en boga hace unos años. Hizo furor y muchas personas se entregaron con fervor a destruírse a si mismos porque la sociedad, evidentemente, no cambiaba tan deprisa, aunque mejoraba discretamente en algunas cosas.

El caso es que el destruirse a si mismos, aunque fuera visto como lo más rabiosamente rebelde, es de lo más convencional, quizás no en la forma, pero si en el fondo. Esta sociedad ha sido durante siglos tremendamente autodestructiva en la obsesión por negar toda una serie de comportamientos que eran catalogados de pecado. Atormentarse, convertirse en un martir, estaba bien visto y, sin embargo, disfrutar era sospechoso de ser "mala persona y mal cristiano".

Por eso me resulta tan curioso que muchos de los movimientos que, en teoría, van en contra de una sociedad establecida perniciosa para sus intereses, no hacen sino reproducir los martirios de esa sociedad, pero con otros pinchos. La autonegación, la autodestrución de uno porque la sociedad es "así" no hace sino conseguir que esa sociedad, además de no cambiar, te venza.

Pero queda mejor la autonegación, la autodestrucción, porque intelectualmente, es mucho más molona. A alguien que disfruta se le puede calificar de que tiene una sonrisa estúpida, porque en teoría los únicos felices son los imbéciles ya que, si tienes un cociente intelectual superior a 90, te das cuenta de que la vida no tiene sentido por lo que mejor amargarse. Lo que ocurre (yo tengo un cociente inferior a 90 y por eso puedo decirlo sin que me cuelguen) es que si la vida no tiene sentido no tienes porque amargarte. ¿Hay que buscarle un sentido a todo para hacer cualquier cosa? Y lo divertidísimo que es el absurdo...

Sin embargo, ir de morros todo el día y amargar la vida con negros pensamientos filosóficos que llegan a la conclusión inevitable de que la vida no tiene sentido, tiene sus ventajas, porque se liga mucho. Da un aura de romanticismo, profundidad y tal, aparte de que indica que, en cierto modo, eres una persona de bien aunque no te laves y vistas raro, porque sufres. Y el sufrir te hace estar en la sociedad de pleno derecho, que para eso hemos venido, para sufrir, con lo cual ya hay un sentido y todos contentos (pero que no se note que en el fondo están contentos).

Con este tema no es mi deseo criticar a las personas que sufren o hayan sufrido una depresión, asunto muy serio, que merece toda mi consideración, sino a aquellos movimientos (los hay a patadas) que contínuamente se ponen de moda como lo más in y que no hacen sino reproducir, en plan moderno (la quincallería ha sido renovada), comportamientos destructivos que llevamos de lastre social durante 2000 años.

"Si no puedes cambiar la sociedad, disfruta de ti mismo" Diría yo, aunque claro, mejor no me escuchéis porque ya he visto que el sufrir mola y voy a poner una tienda para venderos cilicios y otros martirios.

Mejor: "Si no puedes cambiar la sociedad, cómprame un látigo para autocastigarte fabricado en China y por el que voy a sacar un beneficio del 200%, corderito".

Existen unos peces tropicales hembras que al llegar a la menopausia peceril se convierten en machos. Siempre me ha llamado la atención este dato por lo que tiene de extraordinario en la naturaleza, pero el problema no es ése, sino la identificación que hace muchos años (era muy joven y con demasiada imaginación) yo hice entre los peces que mutan el género y ciertas mujeres que, al llegar a cierta edad, se transforman perdiendo el aspecto femenino.

Me llama la atención en ellas el pelo corto y el aspecto descuidado, así como la acumulación de grasa abdominal y la indiferencia con la que se visten. No es una crítica porque creo que cada cual se viste como quiere, pero me da la impresión de que han perdido la sexualidad. Es como una negación de la sexualidad parecida a la que se da en otros grupos sociales, como los adolescentes cuando se niegan a aceptar su cuerpo, las religiosas, los monjes... (Aber me dirá que he puesto puntos suspensivos porque no sé cómo acabar la frase, y es verdad: fallo de memoria. Bueno, que si encontráis alguno más para añadir a la lista me lo digáis)

Algunas de estas mujeres han sido madres, otras no, pero la negación de la sexualidad (al menos en el aspecto) cuando se llega a cierta edad está bien vista de una cierta forma. Digamos que ese aspecto descuidado indica, en nuestros códigos, que son personas muy ocupadas, nada egoístas por haber entregado su vida a los demás (sus hijos, su marido, sus padres, asociaciones benéficas) y con ausencia de narcisismo. Es por eso, posíblemente, por ocuparse contínuamente por los demás, por lo que no encuentran tiempo ni interés en ocuparse de si mismas. Y da la impresión de que, mientras más se niegan a si mismas, más se ocupan.

Y es que esta sociedad ve bien, o ha visto bien hasta hace bien poco, la negación de uno mismo, y eso se nota también en los distintos movimientos, aparentemente rompedores que aparecen entre la gente más joven: góticos, punkies

Otra vez

No hay justificación posible, de ningún tipo. Ni la desesperación, ni la reacción ante una injusticia. No, que no los justifiquen porque lo de hoy ha sido crueldad, crueldad de esa que sólo tienen los psicópatas. Pero por lo menos, los psicópatas, los auténticos, no se amparan en excusas de libertades y derechos humanos, matan porque son así.

La población civil chechena sufre, sí, y por desgracia más va a sufrir tras esto, porque esas valientes actuaciones de sus "guerrilleros" se traducen en bombardeos sobre sus pueblos de montaña en la búsqueda de terroristas por parte del desprestigiado ejército ruso. ¿A quién beneficia una carnicería como la de hoy? ¿Al pueblo checheno? En fin. Las excusas de siempre: "lo hacemos por la liberación de nuestro pueblo". Mientras más rusos maten más chechenos morirán. Llevan así doscientos años y lo saben muy bien. No, no me sirven sus excusas de guerrilleros sufrientes, de víctimas victimarias. Sólo veo crueldad. No hacen nada por los suyos porque matar niños y civiles no es hacer algo por los suyos. Es matar y punto.

Hay una magnífica película de Serguei Bodrov: "El prisionero del caúcaso", basada en un relato de Tolstoi, que actualiza el problema de siglos entre Rusia y Chechenia y lo traslada a la situación actual. Y ahí se ve claramente como actúa la gente que es gente, que no mata por matar a quien no les ha hecho nada aunque esté desesperada. Es una película que dignifica la imagen chechena, por desgracia, tan prostituída por sus guerrilleros.

No me vale decir que es Bush el culpable de todos los males, como he leído por ahí o incluso Putin. Estos dos tienen sus responsabilidades (enormes, por supuesto, el primero en Irak y el segundo en el Caúcaso) y una carencia total de escrúpulos, es evidente, pero a veces, me da la impresión de que para demonizarlos aún más se pasa por alto la circunstancia de la extrema crueldad de otros. Como si de esa crueldad siempre tuvieran la culpa los citados dirigentes y los terroritas fueran unos corderitos que se han encontrado desesperados contra las cuerdas y lucharan por valores etc. Y no, no me vale. A cada cual lo suyo.

Las imágenes de hoy son de esas que permanecen en la memoria.

Imágenes

Buen gusto

Buen gusto

Andrée Putman, destacada profesional francesa del diseño de interiores dijo el otro día en un reportaje que "El buen gusto limita mucho en las posibilidades de elegir y que una persona obsesionada por el buen gusto lo que hace es limitarse". Añadió que "Por desgracia, mucha gente cree que posee ese buen gusto". Y me pareció interesante su reflexión.

Es curioso que quien diga eso precisamente sea una diseñadora de interiores, que en teoría debe tener buen gusto (lo que sea eso) para satisfacer a su clientela y vivir casi en una perpetua adoración del buen gusto, pero es posible que se deba a la saturación profesional o que fuera una forma sibilina de meterse con sus clientes, ricos y un tanto deseosos de imponer su criterio sobre lo que es ese deseado buen gusto.

Evidentemente, existen ciertos patrones estéticos entre los que nos movemos y rechazamos o aceptamos las cosas. Algunos deben ser viscerales, pero otros son claramente sociales, influenciados por el medio y la moda. Por ejemplo, yo siempre odié los muebles estilo años setenta, porque cuando era niña ya estaban recién pasados de moda, que es la peor época antes de su resurrección como tendencia innovadora. Es posible que influyera el hecho de que esos muebles eran tristes y se habían desgastado muy pronto, por lo que tenían cierto aspecto lamentable. Sin embargo, el otro día me sorprendí, después de haber visitado una tienda de decoración, deseando comprarme una mesa con sillas que imitaba esa época, muy moderna y tal. Y me quedé perpleja, porque es un estilo que siempre había detestado.

Y me pregunto de dónde proviene ese impulso: si durante años me he estado limitando o si ver tantos catálogos de decoración ha acabado por influírme. Y es que yo siempre quise tener buen gusto, eso tan abstracto y tan poco claro, y sin embargo, ahora me pregunto si me compensará intentar tenerlo. Porque he visto tanta gente con "mal gusto" (sí de ese que chirría) llevar cualquier cosa con el convencimiento de que es una preciosidad, y lo mejor: los he visto tan contentos. Sin embargo el buen gusto es un temor perpetuo a que nada desentone, a que no haya nada hortera que nos pueda hacer caer en desgracia. Una esclavitud, vamos. Y a estas alturas de la vida me vale más una sonrisa hortera que un minimalista gesto discreto de buen gusto.

Fotograma de "The pillow book", película de Peter Greenaway con decoración de Andrée Putman.

Trampa

París era una trampa.

Sí, una trampa de atascos. Había que pasar por allí, por la circunvalación para coger la autopista que nos llevaría al norte. Ya a la ida, en domingo, a eso de las dos de la tarde, habíamos pasado sin mayores problemas, e incluso entramos en la ciudad y estuvimos cumpliendo un ritual gastronómico, pero a la vuelta no había manera de avanzar.

Propuse salir de la autopista y entrar a la circunvalación interna de París por carreteras nacionales. Y así lo hicimos, pero también había atasco. Glamour, glamour, y unas carreteras de circunvalación que dan pena de puro obsoletas que se han quedado ante la realidad de una ciudad monstruo que no quiere aceptar que, tras el delicioso escaparate del centro, se malvive en los suburbios a costa de atascos diarios de ida y vuelta.

La circunvalación interior también estaba atascada, asi que, tras dos horas en atasco, decidimos atravesar París por si había más suerte. En el centro el tráfico era fluído, e incluso apenas pude ver la silueta de Notre Dame mientras atravesábamos un puente, de puro rápido que íbamos. Pero al final, ya en el norte, para acceder a nuestra autopista tuvimos que volver a esperar otra vez, sentados en el coche, sin salir, y con dolor lumbar. Hubiera estado bien tomarnos algo, claro, pero el conductor andaba rabiando por salir de allí y no quería buscar aparcamiento, (que no iba a encontrar).

Y por fin ya, tiempo, rabia y paciencia después, nos encontramos en un área de servicio de autopista en la tarea de estirar las patitas, beber y zamparnos un sandwich. Y allí estábamos todos los ex-atascados en París. Nosotros, que al menos habíamos visto gente y calles, y tantos otros que se habían tragado horas de atasco en autopista (la Francilienne de las gónadas). Ingleses, holandeses, belgas y franceses compartían espacio, cansancio y hambre desde sus coches cargados de cachivaches de playa. Plástico, mucho plástico. Bazofia en los restaurantes, más plástico.

Frente a mí había un inglés sentado en su camión-caravana. Comía algo dentro, a grandes bocados, mientras miraba en nuestra dirección con unos ojos que nos nos veían. Salió para tirar algo en la papelera y lo ví entero. Pelo largo, blanco, pantalón corto y una prominente barriga, orgullo de años. Hippy, sí. Un hippy atrapado, como tantos otros, normales, anormales, convencionales, pijos, punkies, alternativos, ejecutivos o lo que sea (etiquetas las que hagan falta, molan porque es entretenido ponerlas) en un área de autopista.

Y es que daba igual lo que fueras (o lo que quisieras parecer) o el coche que llevaras, e incluso si comías fuera por no manchar la tapicería (nuestro caso) o si comías dentro decorando el salpicadero de miguitas y ketchup. Allí estábamos todos, atrapados en la marea humana, en la necesidad humana. Hasta el hippy no había podido escapar de su tiempo, ni del plástico, ni de su volante inglés, ni de la gasolinera, ni escaparía al ferry de Calais (o en su defecto al Eurostar).

Y pensé, de repente, en tanta gente "exquisita", de estos que están "por encima de" y nunca son marea humana, de estos que reniegan de lo hortera, del "mal gusto" como si a ellos no les rozase jamás. Y me los imaginé en un área de autopista. Mal gusto por excelencia y gente, mucha gente, de esta gente tan gente que resulta incómoda por lo que nos recuerda a los orígenes primates.

Marea humana, exquisitos y no exquisitos. Tanto los que leen a Joyce como los que nunca han visto un libro en su vida (y tantos otros términos medios) arrastrados por su tiempo, esclavos del tiempo que les ha tocado vivir, que nos ha tocado vivir. Evidentemente, a los exquisitos y alternativos nunca les ocurren esas cosas, claro, porque para eso son exquisitos y alternativos que no caen jamás ne la vulgaridad de la masa. Yo, que no sé lo que digo porque (y lo confieso avergonzada) no he leído a Joyce ni sé quién es Frank Arsehole.

Hace unos días estuve viendo la magnífica película de Serguei Bodrov "El prisionero del Caúcaso", basada en un relato homónimo de Tolstoi pero llevada a la pantalla grande tomando como referencia la situación actual en Chechenia. Me gustó porque refleja bien dos puntos de vista (el ruso y el checheno individual) sin caer en la tan fecuente demagogia que muchas veces hace que se defienda a auténticos sanguinarios que con la excusa que sea (libertad, independencia)para obtener el poder, se montan en el carro de las víctimas mientras se dedican a cargarse gente por gusto. Al menos, los psicópatas no ideológicos, los de toda la vida, vamos, matan por placer, porque son así, sin inventarse eso de que lo hacen por los demás etc.

Me gustó porque enfocaba al individuo arrastrado por las circunstancias. Como individuos, tanto los soldados rusos, chicos muy jóvenes que deben hacer el servicio militar de dos años por haber tenido la desgracia de nacer allí, en su patria, que los sacrifica alegremente, como muchos chechenos se ven arratrados por una guerra que dura años, que cada vez produce más víctimas y cuyas heridas, aunque acabe ya mismo, tardarán un siglo en cicatrizar. Y luego está esa maquinaria cruel que los lleva a morir de una forma tan estúpida, porque es profundamente estúpido morir así, sin haber visto nada

Nocturno

No puedo dormir.

Esta mañana tuve que tomar un café muy ligero, y como ando totalmente descafeinada desde hace tiempo, me ha hecho más efecto del habitual.Y aquí estoy, despierta, a las dos y media, como en mi mejor época de noctámbula, tomándome una tila doble para ver si entro en sueños.

Y recuerdo cosas que se me venían a la mente hace un rato, cuando intentaba dormirme en la cama: Aquella chica de diecisiete años que conocí hace tanto tiempo en una mercería, por casualidad; su rostro de resignación ante la vida, que me llamó la atención por su mansedumbre... Meses después se casó embarazada de un chico que no le gustaba y con el que salía para dar celos a otro que la tenía loca perdida. Diecisiete años y casada, esperando un hijo de alguien a quien no quería... Resignación ante la vida. ¿Qué vida? Otra historia más de esas que dan pavor.

Yo también tenía entonces diecisiete años. Y era ambiciosa. Sabía que la vida no me iba a vencer, así, tan pronto, quizás con los años, como tambien es lógico. Veía caer, a mi alrededor, a chicas embarazadas como chinches. La Esmeralda, por ejemplo, orgullo de su madre porque, según ella, era la única chica decente de los alrededores, cuando, escuchando al cotilleo vecinal, era una adicta a los servicios de las discotecas y al asiento de atrás... La Anabel, que habiendo sido vapuleada por un padre alcohólico en la infancia, se dió a las drogas y se preñó de un pobre crío, vástago de una de estas familias de marginalidad y analfabetismo endógenos. Miseria originando más miseria.

Como es normal, tuve alguno que otro novio, pero me duraban poco. Como mucho un par de meses. Me aburrían mucho. No tenían conversación ni sueños. Pura hormona que eran los pobres, pero hormona aburrida, (las hay con gracia y eso). Y yo siempre he sido un tanto escrupulosa y no me he dejado sobar por hormonas aburridas. Además, no entendían que yo quisiera estudiar una carrera porque, para la vida que ellos imaginaban, eso no hacía falta. Y es que me imaginaban una vida que se parece más a un calvario que otra cosa. Así que, antes de la presentación a la familia política solía darme el yuyu y lo dejábamos "de mutuo acuerdo mío", claro, porque a ellos les sentaba mal por eso del orgullo herido y a mí me daba reparo dejarlos así: pero enseguida encontraban sustitución adecuada a sus necesidades y en unas semanas ya andaban hormoneando con otras más dispuestas y enamoradas y eso. Mi hermana me decía que yo era cruel. Sí, es posible, aunque si me hubiera dejado llevar por la inercia la vida sí que hubiera sido cruel conmigo.

A los diecisiete años, entonces, en el medio en el que yo me movía, una chica "sin novio" era una "solterona" en potencia, por lo que, la mayoría de ellas se agarraba al primero que pillaba, aunque no le gustara demasiado, por eso de que más vale pájaro en mano (no seáis mal pensados, es una metáfora sin mensaje subliminal) que ciento volando. Ellos se agarraban a las tetas, en un intento de volver a la lactancia perdida y soñada, y les solían valer todas, sobre todo si eran orondas y abundantes. En fin. Y yo con diecisiete años y "solterona".

A los dieciocho ya había salido de allí para siempre, para no volver. Ambición, lo llamaban. Supervivencia, lo llamo yo.

¿Por qué a los diecisiete años ya han consumido su vida? Eso sí es cruel.

Santo

Y allí estaba en la pantalla. El Papa en Lourdes. Hablaba un francés incomprensible debido a su extraordinaria dificultad para mover los músculos faciles. Se cansaba tanto que parecía que en cualquier momento iba a dar las boqueás.

Vestidito de blanco, con oros en el caperuzón ese (mitra, creo que se llama) que le ponen encima de la cabeza por eso de que es Papa. Con varias capas de ropa cubriendo su cuerpo en un día de calor, por eso del sufrimiento, que hay que sufrir para ganarse el cielo.

Y los peregrinos orando y poniendo los ojos en blanco de fe, éxtasis y demás orgasmos católicos.

Será Santo, sí. Santo por haberse aferrado al poder durante años. Santo por haber mostrado lo que sufre y cómo sufre (insdispensable). Santo por negarse a aceptar cosas tan reales, de vida terrena, no de cielos etéreos y necesarias, como los anticonceptivos y la homosexualidad. Santo porque La Iglesia, bajo su mandato promueve una cosa tan absurda y antinatural como la abstención en las relaciones sexuales en lugar de repartir preservativos en sus parroquias. Santo porque, en lugar de ayudar, desde su influencia mediática a que los católicos de países subdesarollados tengan acceso a los anticonceptivos con el fin de tener menos hijos y poderse ocupar mejor de ellos, y a los preservativos, en concreto, con el fin de no contagiarse el Sida, les viene a decir, que además de pobres y explotados tampoco follen y se pasen la vida sufriendo porque así lo decide un tal Dios que pasaba por aquí y creó el mundo para que se le hiciera la pelota en plan todo el día rezando y alabándolo. Hay que ser perverso, por mucho que se sea un viejo gaga e indefenso.

Santo por negar la realidad.

Es tan absurdo.

Impresiones

Tengo la impresión, desde siempre, de haber asistido a mi nacimiento. Es posible que fuese una fantasía de niña que se haya instalado en mi memoria y me haga considerar como recuerdos lo que fueron imaginaciones infantiles. El caso es que hay como una voz en off, que no sé lo que dice, unos azulejos blancos, luz blanquecina y una ventana que da al norte. Y la consciencia de "ser" o "existir".

También es curioso que antes de aprender a guiarme por el sol y las estrellas ya supiera yo de norte y sur. Siempre he tenido claro este concepto. Tanto es así, que nunca he tenido problemas de orientación no sabiendo distinguir, hasta hace muy poco, entre izquierda y derecha. Sin embargo, los puntos cardinales son casi instintivos en mí.

Y tengo muchos recuerdos de cuando era bébe, algo que a muchos les resulta casi imposible de creer, pero sí. Y no son imaginaciones mías. Recuerdo cuando una de mis hermanas, de tres años entonces, celosa de haber sido sustituida como la menor, se acercaba a mi cuna y me daba pellizcos en el cuello. Recuerdo como me escapaba de la cuna en cuando aprendí a gatear echándome con fuerza sobre un lado hasta hacerla caer sobre la cama que había al lado. Después de escaparme ponía otra vez la cuna en su sitio, de manera que mis escapadas constituyeron un misterio para las personas que me cuidaban, hasta que ya de mayor, un día, desvelé en una conversación inocente ciertos pormenores de la memoria de un bebé. Y resultó ser cierto aquello que yo recordaba.

Y más recuerdos, muchos más, de mis primeros años, de la casa donde donde víví hasta los tres años, de la que podría hacer un plano ahora mismo porque la recuerdo perfectamente. Todo queda grabado en la memoria, incluso cuando mi hermana mayor me bañaba en el lavabo del baño (pared orientación este), con lo cual, puede haber una idea de lo pequeñaja que era para caber ahí.

Y resulta extraño ese almacenaje de recuerdos porque, en teoría, era demasiado pequeña como para poder recordar algo, aunque es posible que sea algo muy común que le ocurra a muchos otros y que la observación de un bebé sea algo a tener más en cuenta.

Me quedo con la miel cayendo en zig-zag. Imagen que tengo nítida en la memoria y me dejó impresionada la primera vez que la ví, cuando un apicultor, que vendía miel a granel, llamó a la puerta para que le comprásemos. Todavía me hipnotiza la miel cayendo en zig-zag. Esa imagen para mí vale un mundo.

El futuro

El futuro

Dentro de diez años los cantantes poblarán la tierra. Todos serán artistas y nos deleitarán con versiones a todo pulmón de los últimos éxitos de Bisbal, King Africa, Thalía y demás seres absolutamente imprescindibles en una vida que se precie.

Porque, no lo vamos a negar, el futuro está en cantar. Ya no hace falta aprender a leer y escribir, sino a cantar. Se pueden aprovechar los primeros berridos desde la cuna para que el niño salga cantante y se le lleve a un concurso televisivo donde nos deleite cantando el último éxito pachanguero a grito pelado mientras los orgullosos padres aplauden a su retoño y consiguen así el éxito que ellos nunca tuvieron antes de la existencia de OT. El maná: OT.

No nos engañemos. Ya no habrá cajeras de supermercado, ni electricistas, ni fontaneros, ni siquiera policias ni azafatas. Todos cantantes, o en su defecto, Top Model. Y escucharemos sus voces y sus discos incansablemente por los altavoces de los centros comerciales con cajeros robotizados. Y cuando busquemos un médico nos dirán que está de gira, cantando, y ni un sólo contable quedará en una empresa porque estarán todos grabando en un estudio mientras se menean a lo Elvis.

Y la vida será música. Cuando salgamos a la calle veremos una interminable coreografía de Britneys y Bustamantes que tomarán los semáforos al asalto cantando los últimos éxitos de la radio. Y hasta los delincuentes robarán a la Bisbal, moviendo los rizos al ritmo latino y cantando Bulería en cuanto entren en un banco para atracarlo.

Todos cantantes y felices. Ni planes económicos, ni gestión, ni intento de desinflar la burbuja inmobiliaria ni leches. Cantantes.

Antes que OT llegara a nuestras vidas no éramos nadie ni sabíamos el glorioso futuro que nos esperaba.

Te alabamos, oh, OT.

(Y esto lo digo vestida de Hare Krishnah, que me acabo de convertir, aunque todavía no me he rapado las lanas)

De sandwiches

Ya lo he comentado con unas cuantas personas diferentes: esa actitud que se ve tan a menudo de dos personas que se pelean, se dicen lo peor de la forma más zafia y humillante, se insultan con ensañamiento, se odian , y luego se reconcilian y son amiguísismos, se adoran, se aman, se masturban en una contínua loa y se lo pasan muy bien entre ellos.

El problema es cuando te confunden con el jamón y queso del sandwich y te quieren empanar enmedio. O cuando uno se cree jamón y queso por nacimiento y se empana voluntario en la pelea, casi siempre absurda, estúpida y surrealista a más no poder, pero con empaques de honores perdidos, grandes valores y autoridades morales varias. Y mientras insultan con saña piden respeto y dicen que respetan. Sí. Es que el respeto es eso, el insultar de la forma más cruel y humillante, que algunos (los que nacimos con complejo de jamón y queso) aprendimos mal el significado.

Yo fui jamón y queso. Creía que era lo que estaba bien. Me enseñaron a ser jamón y queso. Podían haberme enseñado a ser gamba al ajillo o calamar en su tinta, pero lo del sandwich estaba de moda en los años en los que recibí mi flamante educación. En fin.

Ahora, tras derretirme, me he convertido en mayonesa. Y me escurro del sandwich, me caigo sobre el plato, no por especial habilidad, sino por la ley de la gravedad y eso, y también porque me derretí ya de tantos sandwiches variopintos por los que he pasado.

Hace poco observé otra vez por estos mundos virtuales la actitud de personas, que, insultándose públicamente de la forma más soez y humillante, luego pasaban a babear juntos en un ejercicio de bondad y sensibilidad onanista de lo más interesante. No lo pude evitar y cerré la página del foro que estaba viendo. Tengo cierto pudor, lo reconozco, para observar detenidamente esas masturbaciones públicas. Me dan mucho asco. No sé si porque soy un poco burguesa y no me gusta eso de que salpiquen el parquet y manchen la tapicería. Prejucios, claro, porque hacer eso es de lo más normal.

El caso es que los que disfrutan realmente la situación son los panes, porque el jamón y queso acaba bien machacadito enmedio y además se le suele culpar por no haber estado a la altura. Ni siquiera le quedan fuerzas para masturbarse con el respeto (gran masturbador donde los haya)y eso, que debe dar mucho gusto, por lo que se usa, claro.

Ya lo he dicho. Se acabó mi época de jamón y queso. Ahora soy mayonesa.