grullas

¿O eran avestruces?

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01/07/2004

Shqipëria

No sé que pintaba yo allí. El caso es que fui, quizá porque estaba muy cerca y el morbo y la curiosidad pudieron conmigo. Albania a poco más de seis millas.

Sabía que iba a ver pobreza, miseria y atraso. Lo sabía como lo sabíamos todos los que nos montamos en el barco de tripulación griega. Íbamos a ver eso. Para qué nos vamos a engañar diciendo que íbamos a contemplar la belleza de un país y sus tradiciones. Íbamos a contemplar los resultados devastadores de cuarenta años de aislamiento. Devastadores.

La costa sur albanesa, pelada, árida y montañosa, no tiene un particular atractivo a cerca de 35ºC. Desde el barco se veían los búnkeres que el dictador comunista hizo construir a lo largo de toda la costa para protegerse de una (improbabilisíma) invasión griega. Un país plagado de búnkeres, aislado del resto del mundo, y creyendo que los demás estados occidentales lo iban a invadir en cualquier momento.

Arribamos a Sarande, ciudad albanesa. Al acercarnos me dió un escalofrío. Edificios viejos, que se caen a pedazos, comparten vecindad con esqueletos y esqueletos de hormigón, de la construcción de hoteles en masa que se está llevando a cabo a marchas forzadas. Dicen que su futuro es el turismo. Pero aquello es feo, rematadamente feo. Y me dió pena de que fuese tan feo porque por mucho empeño que pusiera la guía en decirnos lo encantadora que era la ciudad, allí lo único que llamaba la atención era la miseria. Y la guía nos miraba buscando aprobación para que dijéramos que sí, que es un país hermoso que ha sufrido mucho. Pero lo de hermoso no se veía por ninguna parte. El sufrimiento sí, claro.

Y allí estábamos, una panda de guiris que no podíamos salirnos de un recorrido establecido porque era peligroso. Nos contó la chica que muchos albaneses están armados, que tienen fusiles y pistolas en sus casas para defenderse. También nos iba explicando, mientras yo observaba los arcenes de la carretera, llenos de basura, arrojada probablemente desde coches en marcha, que su futuro es el turismo y que tenían gran confianza en los albaneses que volvían del extranjero con dinero para invertir en hoteles y que habían estudiado y aprendido. Y pasaban mercedes, y más mercedes, llenos de gente hosca. Mercedes que han sido robados en otros países, porque trabajar como obrero en una fábrica (que es lo que hacen la mayoría de los inmigrantes albaneses en Europa) no da para comprarse un mercedes último modelo, sino para ir tirando. Tampoco da par construir un hotel de lujo con materiales importados. Para eso viene mejor el dinero de la trata de blancas, de la droga, de los robos a mano armada. Mafia. Palabra prohibida. La guía sonreía como un conejillo cuando algún turista ingenuo la pronunciaba, y hablaba en inglés de "corrupción," pero no ponía en sus labios la palabra tabú. Yo callaba.

Estábamos allí porque la mafia nos lo había permitido. Habíamos pagado por estar allí, de hecho. Íbamos a ver miseria. Y ellos, que lo saben, quieren que gastemos en sus hoteles, porque tienen la esperanza de que veamos hermoso lo que ellos nos dicen que es hermoso. Porque los turistas somos idiotas, ganado, claro. E igual que nos ordeñan los griegos en sus hermosas islas, también nos pueden ordeñar ellos en sus playas peladas.

En el campo no había apenas basura. Los campesinos, extremadamente pobres y vestidos a la usanza tradicional, montados en bueyes, miraban de otra forma. Miraban como miran los campesinos en todas partes. Con esa mirada resignada, con ese apego a sus tradiciones como única forma de vivir. Pero el campo, sin ser hermoso, tenía por lo menos la dignidad de la limpieza, de las miradas claras, de los campos de cultivo más o menos cuidados, de la supervivencia a pesar de. Y no tiraban basura con desprecio desde mercedes en marcha. Sí, no eran ellos.

Y la guía confiaba en los hoteles que se estaban construyendo y esperaba que fuésemos. Mientras tanto, en la calle, niños descalzos se acercaban a pedir dinero. Nos lo pedían a nosotros, de una forma pesada e insistente, no a los propietarios de los flamantes mercedes, señores "educados" en el extranjero que traen sus "conocimientos" al país. Mafia. Sí, la palabra prohibida.

Y es paradójico que la Mafia, que controla el país por completo y que impone su dictadura de terror, sea el nuevo yugo y al mismo tiempo, la esperanza de miles de personas. Creen que conseguirán desarrollar su economía así.

Me fui en el barco con una extraña sensación de cosas que no cuadran. De contradicciones, de paradojas, de sentimientos encontrados. Me alegré de no haber nacido allí. Eso era lo único que tenía claro cuando, de camino a la costa griega, dejé atrás Shqipëria.
01/07/2004 23:02 Enlace permanente. Tema: Personales Hay 11 comentarios.

05/07/2004

De ofidios y tal

Subíamos a Agios Georgios, un monte perdido en una isla griega, para ver una ermita en lo alto (la verdad es que la ermita me interesaba bien poco, pero el camino me gustaba por lo frondoso del paisaje y porque me gusta andar) cuando nos encontramos una serpiente en el camino. Era enorme, de casi dos metros lo menos. Me quedé paralizada en el instante. Le avisé. Él se llevó un susto y le dije que se retirara un paso y se quedara quieto. Tras unos instantes, la serpiente, a la que tampoco le gustábamos nosotros, se retiró yendo a esconderse sinuosamente en unos arbustos y nosotros continuamos el camino con desconfianza, mirando bien el camino por el que pisábamos no fuera a ser que nos encontrásemos con otra sorpresita.

Tras un rato, y dadas mis pocas ganas de caminar en esas condiciones, decidimos bajar, con lo que nos encontramos con un guardia forestal que estaba bastante pirado ("pirofilos", se dice guardia forestal en griego) y nos acompañó hasta el final del trayecto hablándonos en un inglés mezclado con griego y otros cuantos retazos de idiomas existentes o por existir, de cosas peregrinas, entre otras de Julio Anguita, lo que me dejó bastante perpleja. ¿Cómo un guardia forestal pirado que no sabía donde estaba "Ispania" (al principio dijo que estaba al lado de Suiza hasta que la identificó al lado de Portugal), que trabajaba en un monte perdido, en las profundidades de una isla griega bastante profunda, nos hablaba de Aznar, Zapatero, y Anguita? En fin, que casi me da más miedo el guarda que la serpiente. Lo sobornamos al llegar al coche dándole una fruta, que menos mal, no pensó que estuviese envenenada.

El caso es que siempre he creído que mi miedo por las serpientes era un prejuicio educacional. Eso me dijeron. No puedo soportarlas y me paralizo en cuanto veo una de ellas. Y claro, he escuchado de todo, que si era una influencia de la Biblia por lo de Adán y Eva (tuve educación laica y ni siquiera he hecho la comunión), que si era miedo fálico (tampoco es que me den mucho miedo y tal), que si era un prejuicio etc.

Y el otro día, viendo Redes (reconozco que me he aficionado al programa del Punset), Jesús Mosterin, filósofo, dijo que el miedo a los reptiles y las serpientes, concretamente el quedarse paralizado, es "genético", o sea, un miedo necesario para la supervivencia, al menos en los años en los que éramos monos y nos encontrábamos con serpientes. Un miedo primario, vamos. Y yo toda la vida escuchando lo del símbolo fálico y tal cuando se trata de un miedo que tiene millones de años de existencia y que es anterior a Freud, la Biblia y el psicoanálisis. ¡Hay que joderse!

El caso es que he conocido personas, entre ellas mi madre, que no tenían ningún miedo por las serpientes e incluso les gustaban. Mi madre me contaba que en verano, en el campo donde pasaba sus vacaciones, se ponían culebras a modo de cinturón para refrescarse, costumbre también "arraigada" en China, porque una amiga de esta nacionalidad me dijo que también hacía eso. Me temo que no he heredado los genes maternos en este caso porque a mí me da un yuyu tremendo, pero le estoy muy agradecida a Mosterin por su aclaración al respecto de este miedo en concreto. En Boulesis (mis enlaces) hay una entrevista realizada a Mosterin en la que cuenta, de una forma superficial, porque el tiempo no daba para más, cosas interesantes. Un descubrimiento, este hombre, al menos para mí porque dice lo que me gusta oir, claro.

Entrevista con Jesús Mosterin I

Entrevista con Jesús Mosterin II
05/07/2004 23:20 Enlace permanente. Tema: Triscando Hay 17 comentarios.

14/07/2004

A mi teclado

No sé si echaré raíces en esta silla de respaldo azul. Lo dudo, porque nunca eché raíces en ninguna parte y creo que ya es un poco tarde. Pero no me quiero levantar.

Toco el teclado y paso mis manos sobre él. Lo acaricio despacio, como si fuera a sentir el roce de mis dedos de una forma sensual. Ayer me pinté las uñas y están brillantes con su esmalte transparente, como a mí me gustan. Él siempre me dice que debo cortarme las uñas, que no le gustan largas porque teme que le dé un zarpazo. Pero yo no renunciaré facilmente a mis zarpas a pesar de los miedos ajenos (no totalmente injustificados).

Parece mentira que un teclado, algo tan inherte y prosaico, sea ahora lo que me procure mayor bienestar. Me hace pensar en otras cosas, salir un poco de mí, de esta espera interminable, de estos días de lluvia, nubes y preocupaciones. Y ya escucho las críticas de "pasas demasiado tiempo en internet", pero también las críticas de "no pienses en cosas que te atormentan", "no hagas", "no digas", "no respires, no sea que sea malo para la salud". Cualquier cosa es susceptible de ser criticada, pero no se dan alternativas factibles que calmen el caldero hirviendo que se cuece bajo esta carcasa de rizos.

Internet, a veces, puede ser una pesadilla, pero también es un soplo de aire, una ventana abierta en una habitación viciada. Esperar día tras día, durante casi un mes, una noticia que te dé la vida o te hunda en la miseria es mucho más cruel, mucho más perjudicial y peor para la salud que quedarse atontada chateando estupideces durante horas. Al menos, esas estupideces son analgésicos, mientras que la espera te mina por dentro.

A mi teclado, Logitech inálambrico (de vez en cuando le cambio las pilas), por las horas de complicidad en estos viajes que nos montamos fuera de una realidad que, a veces, no puedes vivir sin una ayudita de la imaginación, del más allá de otros mundos lejanos. A mi ratón, redondito y cómodo, que se deja manejar con suavidad mientras nos desplazamos veloces, con una sonrisa en la mirada atenta, por los vericuetos de un hierático monitor plano, que se exhibe como mascarón de proa.

A vosotros, los que me leéis y a veces respondéis, que estáis ahí y os siento cerca, como si los píxeles, en realidad, fueran vuestras células. Gracias.
14/07/2004 21:44 Enlace permanente. Tema: Personales Hay 24 comentarios.




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Julio 2004 | grullas
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