grullas¿O eran avestruces? |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2004. 08/11/2004Tela a cuadrosAyer por la tarde, medio adormilada en el sofá, me desperecé de pronto al escuchar un reportaje sobre África. Abrí los ojos y un africano vestido a a la usanza tradicional de su pueblo (no sé de qué país era y suele ser un dato importante) explicaba las razones por las que había decidido tomar una segunda esposa: 1- Porque si la otra mujer está embarazada y da a luz él se tiene que aguantar las ganas sexuales durante una temporada. 2- Porque él no es, en absoluto, ningún adúltero. 3- Y también por amor, claro, siempre hay amor en el fondo. Además, la nueva mujer es más joven. (Éste sí hablaba de amor, pero me temo que no era del amor tal como nosotros lo consideramos en Europa) Y me eché a reír. Me hizo gracia tanta espontaneidad a la hora de explicar sus razones y sobre todo el convencimiento de que él no es un adúltero. Posteriormente, una prostituta, de Mali, que había huído del hogar familiar para no someterse a un matrimonio no deseado, aclaraba su relación con Dios diciendo que lo bueno que tiene es que le rezas y siempre perdona. Y me pregunté qué tendría Dios que perdonarle a ella con la vida que le ha tocado llevar a la pobre. ¿No será al revés? Más allá de culturas, raíces y tradiciones, me da la impresión de que el ser humano siempre se está inventando subterfugios para poder presentarse a sí mismo de una forma conveniente. Así, el polígamo se sentía bien en su piel porque no era un ser despreciable como adúltero. La prostituta solucionaba el conflicto que le producía su profesión, despreciada socialemente y considerada pecaminosa, rezando y sintiéndose ipso-facto perdonada por Dios (por suerte, se había buscado un Dios indulgente). Y empecé a recordar tantos y tantos comportamientos de autoafirmación en la mentirijilla solapada que observo diariamente. Los hay variados: desde el que se presenta a sí mismo en la forma clásica de bondad y principios, hasta el que se presenta como un rompedor absoluto de tabúes. Y entre ambas poses una infinita tela a cuadros de distintos matices, poses también, claro, aunque de distinta intensidad y no tan evidentes. Subterfugios, engaños, mentirijillas piadosas que uno se dice a sí mismo para sobrevivir diariamente. Y gracias a Dios que sabemos mentirnos (¿Esa asombrosa y maravillosa capacidad nos la dió Él en el pack de nacimiento?, aunque es una arma de doble filo, porque llevada a los extremos se convierte en arma de destrucción masiva. 09/11/2004De baja bitacorilPues eso, de baja temporal en el mundo de las bitácoras. Quería haber escrito hoy un post, tal y como dije en los comentarios del post anterior, pero no he podido y ahora debo cerrar el chiringuito por unos días debido a que tengo la tensión alta. Lamento no estar en condiciones de responder. Dada mi situación personal, debo estar en reposo absoluto, en la cama o en el sofá, con las piernas en alto y pensando aún menos que de costumbre, no vaya a ser que me ponga nerviosa por algo. Así que no podré pasarme apenas por internet (si acaso, para saludar y poco más) ni escribir algo medianamente elaborado, por lo que prefiero decirlo ya y dejar los temas pendientes y lo que se me ocurra en el intermedio para más adelante, quizás en unos días o unas semanas, cuando vuelva a ser persona o bicho (lo que sea, pero creo que más bien bicho) con mis pocas facultades habituales pero, al menos, al ochenta por ciento o así, que tampoco hay que estresarse. Ahora ando al diez por ciento más o menos, y no puedo con mi alma. Me veré todos los programas de televisión para que me baje la tensión de puro aburrimiento e intentaré leerme el libro que uso para dormirme "El año que vivimos en ninguna parte (El Che Guevara en el Congo)" de Paco Ignacio Taibo II y otros dos periodistas, que es de lo más entretenido en plan periodismo de investigación y seguro que hace milagros laicos. Cuando vuelva, espero tener ya conmigo a una parte de mi vida muy deseada en los brazos. Besos y cuidaos mucho. A todos, gracias por estar ahí. 30/11/2004RencorSin rencores. Eso dicen, que sin rencores, que es malo tener rencor, que nadie que se precie de bueno y guays lo tiene porque lo supera todo con su aura disciplente y de seguridad en sí mismo. No está bien visto tener rencor, no es noble, ni sano, ni sirve para dar puntos para el nirvana. Mejor decir que no existe, que no se usa de eso, que uno se traga el dolor y la rabia y se diluye por magia en los ácidos del estómago. Sin rencores, sí, que somos muy sanos y lo soportamos todo como si nos resbalara. ¿Y qué pasa cuando un día esos rencores silenciosos que se han ido acumulando como capas freáticas, diluídos aparentemente en la magia del buen rollito impuesto pugnan por salir? Prefiero no pensarlo, que me da yuyu. Rencor es resultado de la incapacidad en un momento dado de enfrentar una situación de rabia, de desamparo, de injusticia, de humillación. ¿Y existen seres omnipotentes capaces de enfrentar todas esas situaciones sin que un resquicio de rencor se les quede atrapado en una grieta? Deben existir, sí, porque hoy, leyendo por encima las declaraciones de un disidente que ha sido liberado en Cuba, decía que no tenía rencor. Yo creo que en su caso sí tendría rencor, y mucho (aunque quizás me callaría y diría hipócritamente lo mismo que él, por eso de preparar la venganza en frío). De hecho, guardo rencores antiguos por cosas más pequeñas. Rencores de situaciones que no pude enfrentar en su momento debido a mi corta edad, al desamparo y la falta de experiencia. Siempre hay situaciones que no podemos ni sabemos enfrentar, por lo menos los seres vulgares y corrientes como yo, que venimos del mono, y no fuimos creados por un ser divino. |
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