grullas¿O eran avestruces? |
![]() |
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2004. 05/10/2004OníricoSí, porque va de sueños. Me gusta que la gente sueñe. Oigo mucho por ahí eso de "no me creo peor ni mejor que nadie pero los tales son unos imbéciles, unos degenerados y..." Evidentemente, eso no es creerse mejor que los "tales" ni ponerse en posición de superioridad con respecto a ellos, porque el que lo dice, por descontado que tiene el ego más equilibrado del planeta. O por lo menos lo sueña, y eso es enternecedor. Mola eso de soñar que uno, cuando ataca a los demás, no se intenta poner en posición de superioridad y el ego nunca está presente. También se lleva el creerse un monstruo que puede hacer toda una serie de atrocidades (porque las piensa, porque pensar burradas es de lo más normal) y decirlo angelicalmente, sin hacer una sola atrocidad e incluso siendo amable. Otro sueño de esos molones que hacen que uno se sienta poderoso en su supuesta peligrosidad. El caso es que los seres que hacen atrocidades de verdad, sueñan con ser santos y tener causas muy justas y precisas para cometer esas atrocidades. Ellos no sueñan que son monstruos, sino que hacen justicia. Para esta temporada otoño-invierno se lleva el manifestarse absolutamente en contra de la hipocresía y decir que uno no es hipócrita en absoluto, que la hipocresía es lo que más le molesta e ipso-facto decir lo que haya que decir según el politiqueo correcto de turno para que el grupo social no se encabrite o hacer la pelota a los web-masters. Soñar que uno no es hipócrita es de lo más molón y sube mucho la autoestima. Todos estos sueños, y más, que abundan, son muy necesarios para la supervivencia de la especie ya que, lo importante no es lo que seas en realidad, sino lo que creas que eres. Por ejemplo, yo sueño con que soy Cleopatra, y eso que tengo el pelo rizado y no puedo ni ver a las serpientes (males menores porque me puedo hacer un brushing y comprarme un par de bivchas de plástico). Estoy convencida de que soy Cleopatra, vamos. Y a ver quién me convence a mí de que no lo soy. 13/10/2004No comprendo Digo que comprendo, que entiendo, pero no sé por qué lo digo. Porque no comprendo.Como Holden Caufield, que decía algo aunque no quisiera en realidad hablar de ello sino de algo muy diferente. Y resulta extraño sentirse como Holden a mi edad, cuando se supone que pasé ya la adolescencia hace mucho. O quizás no, quizás la adolescencia no se pase nunca y se enmascare de madurez y raciocinio porque es lo que hay que hacer. Hace años, en la estación de Burdeos, mientras esperaba un tren, ví subir las escaleras de los subterráneos a un niño de unos siete años con una maleta enorme que arrastraba a duras penas. Detrás, su padre, también cargado, y tres hermanos pequeños cargados cada uno con lo que podía. Por último, la madre llevaba otro bebé en brazos. Un velo islámico gris cubría pudorosamente sus cabellos. El niño de la maleta ya era adulto, con su carga, sus hermanos, su disciplina de buen hijo. Imaginé que seguiría meticulosamente todas las obligaciones, todas las responsabilidades que una vida de sacrificio y trabajo le impondría desde un principio y me dió un enorme tristeza esa mirada en la que ya no se avistaba al bebé que era hacía tan poco tiempo. Supe que ya era adulto, que la adolescencia no llegaría porque nunca llega para esos seres a los que el deber llama desde la cuna. Y pensé que la adolescencia, vivida como tal, es un lujo. Por eso sé que no comprender, no entender, es un lujo que me puedo permitir porque no estoy obligada a comprender ni a entender cualquier cosa. Hay personas que llevan ya el camino marcado y entenderán aquello que deban entender, sin salirse un milímetro. En mi adolescencia tardía y desfasada, recuperada a golpes de frivolidad y cinismo(*), yo puedo permitirme la duda, la contradicción y el desconcierto. Un lujo. No comprendo y sonrío estúpidamente. Un lujo. (*) Ésto es para aquellos que disfrutan repitiendo ambas palabras maquinalmente (de una forma absolutamente genial y talentosa, por supuesto) cuando se refieren a mí. Lo hago por altruismo, para que disfruten un poco y de paso irme ganando el Nirvana. 15/10/2004SofisticaciónAyer, en una respuesta a un foro alguien dijo: "me paso por el forro de los cojones tal y cual...". Y yo me quedé obnubilada ante la expresión "forro de los cojones" porque no sabía que llevasen forro. Es evidente que desconozco muchas cosas de la tendencia de la moda y de la alta costura. Creo que me he quedado un tanto desfasada con tanto leer sobre primates y australophitecus, que van desnudos y no disponen de medios sofisticados cuando se trata de pasarse algo, ya sea de forma masturbatoria o para despiojarse, por semejante parte. Y es que forrar los cojones es de una sofisticación que supera los límites de mi educación campestre, por lo que creo, necesitaré algunos apuntes sobre el tema para adecuarme a la vida urbana. Tengo mis dudas, claro está: ¿El forro es de seda o con rayón se las apaña uno? ¿Se cose directamente el forro a lás gónadas? ¿se grapa o se arregla el asunto con un lacito? ¿se usa un fruncido? ¿produce el forro en los cojones algún tipo de alergia o prúrito? ¿en las relaciones íntimas se debe dejar el forro o es mejor quitarlo? ¿Se puede ir a una reunión social sin forro en los cojones? ¿puede dejar de hablarte tu jefe y ser la comidilla del resto de empleados si no llevas el forro o lo llevas roto y descosido? Y lo que más me preocupa: ¿Hay que hablar en los círculos sociales de tiendas donde se compran los forros de los cojones de marca y presumir de tu forro o es un tema mejor a obviar? 22/10/2004Más mitosY más mitos. Esa tendencia a mitificarlo todo, a huir de una realidad un tanto prosaica me llama poderosamente la atención. Leo por ahí como mitifican la infancia y dicen que es un periodo especial en los que los niños tienen capacidades que los adultos perdemos. Como si los niños, así, en genérico, fueran superdotados. Y me temo que no, que hay niños encantadores, sensibles e inteligentes, pero que hay otros insensibles e insoportables. Lo que ocurre es que un adulto que se considera a sí mismo sensible e inteligente, cuando echa una ojeada a su infancia y la añora, se ve representado en los niños sensibles e inteligentes y no en los otros. Si vuelvo a mi infancia y veo con los ojos de una niña me encuentro con cantidad de críos cuyo comportamiento era cruel, repugnante e hipócrita, aparte de carecer de encantos y talentos varios. Recuerdo a G. y D., hermanos. Eran verdaderamente repugnantes y crueles ya a la edad de cuatro años. No sé si tenía que ver el hecho de que su madre se llamase Aniceta, que puede traumatizar a más de uno, pero el caso es que eran un terror, ya con voz ronca, que disfrutaban maltratando a los bichos. Me desaparecieron dos patos y estoy segura de que fueron ellos los que les retorcieron el pescuezo porque venían todos los días a verlos y los tenía que echar de allí. A ciertos bichos los maltratábamos todos, quizás por la lejanía entre especies, pero a los mamíferos o las aves que tenían nombre propio y eran mascotas los respetábamos bastante. Por ejemplo, echábamos agua en los hormigueros para ver cómo salían las hormigas, pero recogíamos a las golondrinas y los gorriones caídos del nido. Claro que, en esto también había una gradación de sensibilidad. No todos sentían el mismo grado de empatía por los mismos bichos. G. y D. eran los casos más extremos, pero había muy diversas formas de comportarse en las que la capacidad de fingir ya era toda ventaja a la hora de sobrevivir. Igualmente, se mitifica a los ancianos como ejemplo de sabiduría. Y sí, los hay sabios, pero me temo que los que han sido zopencos toda su vida llegan a viejos igual de zopencos. También se ven frágiles aquellos que han sido unos hijos de puta y a las personas sensibles les dan pena. Me temo que, cuando uno se considera inteligente y sensible, cree que de mayor será sabio y frágil, y no zopenco ni hijo de puta sin fuerzas. Que sean viejos y niños zopencos e hijos de puta no implica que sus madres deban apercibirse de ello, no, en eso la naturaleza es sabia y ciega por medio del instinto. Es deseable que la madre no se dé cuenta de nada y quiera a sus hijos sean como sean. No quiero ni pensar qué ocurriría si no fuese así. Pero es mejor pensar que la niñez es magia y la vejez es sabia. Fustiguémonos como adultos estúpidos incapaces de ser como los niños y los viejos. Al fin y cabo, el látigo deja marcas muy molonas de sufrimiento y luego se pueden enseñar por ahí, como los tatuajes. Para presumir hay que sufrir: ya lo dice la sabiduría popular. 27/10/2004Chantajes a la carta¿Cuántos chantajes emocionales soportamos al año? ¿Se pueden contar? ¿Programar? Estaría bien que fueran en fila india, embaladitos, como en una cinta transportadora y apareciesen sólo los días pares o impares, por eso de descansar y recuperarse entre chantaje y chantaje. Una utopía más, por supuesto, de tantas. Veo como se cocinan ya los chantajes venideros, esos que están a la vuelta de la esquina, y siento ya cierta rabia anticipada. Otra vez toca el desagradable papel de marcar territorios, de ser una persona implacable, o al menos parecerlo. "Comprende que", se supone que mi comprensión es ilimitada, sin embargo el que lo dice no se para a comprender que no tengo por qué comprender. "Cede para que X esté contento" Se supone que para mí es muy importante que X esté contento, pero el caso es que me importa más estar contenta yo. X anda mucho más pendiente de sus necesidades que de las mías, aunque disfraza de sacrificio lo que supuestamente hace por mí, que, por otra parte, yo no le pido. Hay personas que, por desgracia, sólo saben funcionar en clave chantaje. Ni siquiera son conscientes de ello. Lo curioso es que están absolutamente convencidos de su altruismo, bondad y actitud desinteresada, por lo que es imposible que, en un momento dado, se den cuenta de lo que hacen. Y hagas lo que hagas, ellos se han puesto en la piel del sufriente, por lo que a ti te toca la piel del malo que hace sufrir. Un rol cansado, este de malo, porque el bueno, convencido de que la razón e incluso el Reino Celestial están de su parte, no para de insistir en convertirte, en un ejercicio de proselitismo pesado y lloroso al que sólo puedes responderle, si no quieres convertirte en una marioneta de la bondad, con dureza. Y esa dureza le convence aún más de que es una víctima y se pone más pesado, aunque lo disfruta mucho, todo hay que decirlo. El caso es que yo no disfruto nada teniendo que ser dura e implacable. Sé que a los chantajistas les mola mucho, porque sufren gratis y se autoconvencencen de lo buenísimos que son, pero a mí no me aporta ningún beneficio. Ése es el problema. Tengo que aprender a sacar algún tipo de beneficio de esto, por lo menos que me dé para comprarme un traje a lo Cruella Devil para la performance. Estaba pensando en poner un negocio de chantajes a la carta con lloros, sin lloros, con acusaciones directas o indirectas, al gusto del consumidor. Según el tipo de chantaje se cobra más o menos (se pueden hacer ofertas por grupos y promociones especiales de Navidad). Por supuesto que todo lo hago por altruismo y eso, por los demás, porque nunca jamás de los jamases pienso en mí (lloros *). * Todavía no me salen lo lloros muy bien (sí, ya sé que están desafinados), pero ya veréis: estoy aprendiendo la mar de bien a chantajear, e incluso creo que va a ser mi nueva vocación. Mola. 28/10/2004De amor ¿Qué es el amor? le preguntaron a una babushka (abuela rusa) vestida toscamente, con botas, gruesas medias y un pañuelo roto en la cabeza. Se rió pícaramente y contestó "No sé. Yo no he tenido tiempo para eso porque me he pasado la vida trabajando" Y añadió mientras reía y se encogía de hombros, sentada en un tronco: "Mi marido se murió hace mucho. Era muy borracho. Me dió muy mala vida y ahora estoy mucho mejor"El autor del reportaje buscaba el romanticismo que había inspirado a un gran autor ruso a escribir un poema que ahora no recuerdo hablando sobre el amor en Yaroslav. Fue a los campos helados buscando la inspiración, la sensibilidad, la sensualidad, la ternura. En una granja de pollos preguntó a otra, que trabajaba recogiendo el estiércol. Misma respuesta. Y después a cuatro o cinco más, que se reían a boca ancha mientras bromeaban entre ellas sobre las borracheras de los maridos a los que habían echado de casa. Nadie conocía el poema. Nadie hablaba del amor. *** En Israel, un hombre judío de origen etíope, polígamo, dejaba entrar en su casa a las cámaras para mostrar a su nueva esposa, una chica más joven que la primera, con quien tenía ya unos cinco hijos o así. Al final, después del seguimiento de un año de pequeñas rivalidades molestas entre ambas esposas y el nacimiento de una nueva niña en la familia, el orgulloso patriarca decía en confidencia al periodista: "¿Sabe? Yo creo, de todas formas, que a mi hogar le falta femineidad, que necesita algo más femenino. Así que, en cuanto pase un poco de tiempo, me caso con otra más". Y hablaban de lámparas, territorios e hijos. Nadie hablaba del amor. *** Los Zapotecos hablaban de la aceptación de la homosexualidad (travestismo masculino) en el seno de su comunidad. Según decían las mujeres (aparentemente, es una de las pocas sociedades matriarcales que existen, aunque diferentes estudios no se ponen de acuerdo en este asunto), un hijo homosexual les es muy beneficioso porque se ocupa muy bien de la casa y ayuda mucho, además de no abandonarla nunca al no casarse ni tener descendencia propia. También, entre las ventajas de tener travestidos, estaba el hecho de que las mujeres podían conservar su virginidad hasta el matrimonio, al ocuparse ya los travestidos de iniciar sexualmente a los jóvenes y servir de solaz a los hombres de la comunidad para descargas hormonales. Evidentemente, se había aceptado la homosexualidad porque le sacaban mucho provecho. Y nadie hablaba de amor. *** Un lujo. Otro más. La sensualidad y el amor son lujos, como el perfume, la seda y ver nevar con velas. Imagen: Erté "Flames of love" |
Temas
Archivos
EnlacesPersonales
Otros
|