grullas

¿O eran avestruces?

Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2004.

02/09/2004

Trampa

París era una trampa.

Sí, una trampa de atascos. Había que pasar por allí, por la circunvalación para coger la autopista que nos llevaría al norte. Ya a la ida, en domingo, a eso de las dos de la tarde, habíamos pasado sin mayores problemas, e incluso entramos en la ciudad y estuvimos cumpliendo un ritual gastronómico, pero a la vuelta no había manera de avanzar.

Propuse salir de la autopista y entrar a la circunvalación interna de París por carreteras nacionales. Y así lo hicimos, pero también había atasco. Glamour, glamour, y unas carreteras de circunvalación que dan pena de puro obsoletas que se han quedado ante la realidad de una ciudad monstruo que no quiere aceptar que, tras el delicioso escaparate del centro, se malvive en los suburbios a costa de atascos diarios de ida y vuelta.

La circunvalación interior también estaba atascada, asi que, tras dos horas en atasco, decidimos atravesar París por si había más suerte. En el centro el tráfico era fluído, e incluso apenas pude ver la silueta de Notre Dame mientras atravesábamos un puente, de puro rápido que íbamos. Pero al final, ya en el norte, para acceder a nuestra autopista tuvimos que volver a esperar otra vez, sentados en el coche, sin salir, y con dolor lumbar. Hubiera estado bien tomarnos algo, claro, pero el conductor andaba rabiando por salir de allí y no quería buscar aparcamiento, (que no iba a encontrar).

Y por fin ya, tiempo, rabia y paciencia después, nos encontramos en un área de servicio de autopista en la tarea de estirar las patitas, beber y zamparnos un sandwich. Y allí estábamos todos los ex-atascados en París. Nosotros, que al menos habíamos visto gente y calles, y tantos otros que se habían tragado horas de atasco en autopista (la Francilienne de las gónadas). Ingleses, holandeses, belgas y franceses compartían espacio, cansancio y hambre desde sus coches cargados de cachivaches de playa. Plástico, mucho plástico. Bazofia en los restaurantes, más plástico.

Frente a mí había un inglés sentado en su camión-caravana. Comía algo dentro, a grandes bocados, mientras miraba en nuestra dirección con unos ojos que nos nos veían. Salió para tirar algo en la papelera y lo ví entero. Pelo largo, blanco, pantalón corto y una prominente barriga, orgullo de años. Hippy, sí. Un hippy atrapado, como tantos otros, normales, anormales, convencionales, pijos, punkies, alternativos, ejecutivos o lo que sea (etiquetas las que hagan falta, molan porque es entretenido ponerlas) en un área de autopista.

Y es que daba igual lo que fueras (o lo que quisieras parecer) o el coche que llevaras, e incluso si comías fuera por no manchar la tapicería (nuestro caso) o si comías dentro decorando el salpicadero de miguitas y ketchup. Allí estábamos todos, atrapados en la marea humana, en la necesidad humana. Hasta el hippy no había podido escapar de su tiempo, ni del plástico, ni de su volante inglés, ni de la gasolinera, ni escaparía al ferry de Calais (o en su defecto al Eurostar).

Y pensé, de repente, en tanta gente "exquisita", de estos que están "por encima de" y nunca son marea humana, de estos que reniegan de lo hortera, del "mal gusto" como si a ellos no les rozase jamás. Y me los imaginé en un área de autopista. Mal gusto por excelencia y gente, mucha gente, de esta gente tan gente que resulta incómoda por lo que nos recuerda a los orígenes primates.

Marea humana, exquisitos y no exquisitos. Tanto los que leen a Joyce como los que nunca han visto un libro en su vida (y tantos otros términos medios) arrastrados por su tiempo, esclavos del tiempo que les ha tocado vivir, que nos ha tocado vivir. Evidentemente, a los exquisitos y alternativos nunca les ocurren esas cosas, claro, porque para eso son exquisitos y alternativos que no caen jamás ne la vulgaridad de la masa. Yo, que no sé lo que digo porque (y lo confieso avergonzada) no he leído a Joyce ni sé quién es Frank Arsehole.
02/09/2004 18:30 Enlace permanente. Tema: Personales Hay 12 comentarios.

04/09/2004

Otra vez

No hay justificación posible, de ningún tipo. Ni la desesperación, ni la reacción ante una injusticia. No, que no los justifiquen porque lo de hoy ha sido crueldad, crueldad de esa que sólo tienen los psicópatas. Pero por lo menos, los psicópatas, los auténticos, no se amparan en excusas de libertades y derechos humanos, matan porque son así.

La población civil chechena sufre, sí, y por desgracia más va a sufrir tras esto, porque esas valientes actuaciones de sus "guerrilleros" se traducen en bombardeos sobre sus pueblos de montaña en la búsqueda de terroristas por parte del desprestigiado ejército ruso. ¿A quién beneficia una carnicería como la de hoy? ¿Al pueblo checheno? En fin. Las excusas de siempre: "lo hacemos por la liberación de nuestro pueblo". Mientras más rusos maten más chechenos morirán. Llevan así doscientos años y lo saben muy bien. No, no me sirven sus excusas de guerrilleros sufrientes, de víctimas victimarias. Sólo veo crueldad. No hacen nada por los suyos porque matar niños y civiles no es hacer algo por los suyos. Es matar y punto.

Hay una magnífica película de Serguei Bodrov: "El prisionero del caúcaso", basada en un relato de Tolstoi, que actualiza el problema de siglos entre Rusia y Chechenia y lo traslada a la situación actual. Y ahí se ve claramente como actúa la gente que es gente, que no mata por matar a quien no les ha hecho nada aunque esté desesperada. Es una película que dignifica la imagen chechena, por desgracia, tan prostituída por sus guerrilleros.

No me vale decir que es Bush el culpable de todos los males, como he leído por ahí o incluso Putin. Estos dos tienen sus responsabilidades (enormes, por supuesto, el primero en Irak y el segundo en el Caúcaso) y una carencia total de escrúpulos, es evidente, pero a veces, me da la impresión de que para demonizarlos aún más se pasa por alto la circunstancia de la extrema crueldad de otros. Como si de esa crueldad siempre tuvieran la culpa los citados dirigentes y los terroritas fueran unos corderitos que se han encontrado desesperados contra las cuerdas y lucharan por valores etc. Y no, no me vale. A cada cual lo suyo.

Las imágenes de hoy son de esas que permanecen en la memoria.

Imágenes

Buen gusto

pil2.jpegAndrée Putman, destacada profesional francesa del diseño de interiores dijo el otro día en un reportaje que "El buen gusto limita mucho en las posibilidades de elegir y que una persona obsesionada por el buen gusto lo que hace es limitarse". Añadió que "Por desgracia, mucha gente cree que posee ese buen gusto". Y me pareció interesante su reflexión.

Es curioso que quien diga eso precisamente sea una diseñadora de interiores, que en teoría debe tener buen gusto (lo que sea eso) para satisfacer a su clientela y vivir casi en una perpetua adoración del buen gusto, pero es posible que se deba a la saturación profesional o que fuera una forma sibilina de meterse con sus clientes, ricos y un tanto deseosos de imponer su criterio sobre lo que es ese deseado buen gusto.

Evidentemente, existen ciertos patrones estéticos entre los que nos movemos y rechazamos o aceptamos las cosas. Algunos deben ser viscerales, pero otros son claramente sociales, influenciados por el medio y la moda. Por ejemplo, yo siempre odié los muebles estilo años setenta, porque cuando era niña ya estaban recién pasados de moda, que es la peor época antes de su resurrección como tendencia innovadora. Es posible que influyera el hecho de que esos muebles eran tristes y se habían desgastado muy pronto, por lo que tenían cierto aspecto lamentable. Sin embargo, el otro día me sorprendí, después de haber visitado una tienda de decoración, deseando comprarme una mesa con sillas que imitaba esa época, muy moderna y tal. Y me quedé perpleja, porque es un estilo que siempre había detestado.

Y me pregunto de dónde proviene ese impulso: si durante años me he estado limitando o si ver tantos catálogos de decoración ha acabado por influírme. Y es que yo siempre quise tener buen gusto, eso tan abstracto y tan poco claro, y sin embargo, ahora me pregunto si me compensará intentar tenerlo. Porque he visto tanta gente con "mal gusto" (sí de ese que chirría) llevar cualquier cosa con el convencimiento de que es una preciosidad, y lo mejor: los he visto tan contentos. Sin embargo el buen gusto es un temor perpetuo a que nada desentone, a que no haya nada hortera que nos pueda hacer caer en desgracia. Una esclavitud, vamos. Y a estas alturas de la vida me vale más una sonrisa hortera que un minimalista gesto discreto de buen gusto.

Fotograma de "The pillow book", película de Peter Greenaway con decoración de Andrée Putman.
04/09/2004 00:05 Enlace permanente. Tema: Triscando Hay 20 comentarios.

08/09/2004

De sufrimientos y eso

"Si no puedes cambiar la sociedad, destrúyete a ti mismo"

Parece ser que esa fue una frase muy en boga hace unos años. Hizo furor y muchas personas se entregaron con fervor a destruírse a si mismos porque la sociedad, evidentemente, no cambiaba tan deprisa, aunque mejoraba discretamente en algunas cosas.

El caso es que el destruirse a si mismos, aunque fuera visto como lo más rabiosamente rebelde, es de lo más convencional, quizás no en la forma, pero si en el fondo. Esta sociedad ha sido durante siglos tremendamente autodestructiva en la obsesión por negar toda una serie de comportamientos que eran catalogados de pecado. Atormentarse, convertirse en un martir, estaba bien visto y, sin embargo, disfrutar era sospechoso de ser "mala persona y mal cristiano".

Por eso me resulta tan curioso que muchos de los movimientos que, en teoría, van en contra de una sociedad establecida perniciosa para sus intereses, no hacen sino reproducir los martirios de esa sociedad, pero con otros pinchos. La autonegación, la autodestrución de uno porque la sociedad es "así" no hace sino conseguir que esa sociedad, además de no cambiar, te venza.

Pero queda mejor la autonegación, la autodestrucción, porque intelectualmente, es mucho más molona. A alguien que disfruta se le puede calificar de que tiene una sonrisa estúpida, porque en teoría los únicos felices son los imbéciles ya que, si tienes un cociente intelectual superior a 90, te das cuenta de que la vida no tiene sentido por lo que mejor amargarse. Lo que ocurre (yo tengo un cociente inferior a 90 y por eso puedo decirlo sin que me cuelguen) es que si la vida no tiene sentido no tienes porque amargarte. ¿Hay que buscarle un sentido a todo para hacer cualquier cosa? Y lo divertidísimo que es el absurdo...

Sin embargo, ir de morros todo el día y amargar la vida con negros pensamientos filosóficos que llegan a la conclusión inevitable de que la vida no tiene sentido, tiene sus ventajas, porque se liga mucho. Da un aura de romanticismo, profundidad y tal, aparte de que indica que, en cierto modo, eres una persona de bien aunque no te laves y vistas raro, porque sufres. Y el sufrir te hace estar en la sociedad de pleno derecho, que para eso hemos venido, para sufrir, con lo cual ya hay un sentido y todos contentos (pero que no se note que en el fondo están contentos).

Con este tema no es mi deseo criticar a las personas que sufren o hayan sufrido una depresión, asunto muy serio, que merece toda mi consideración, sino a aquellos movimientos (los hay a patadas) que contínuamente se ponen de moda como lo más in y que no hacen sino reproducir, en plan moderno (la quincallería ha sido renovada), comportamientos destructivos que llevamos de lastre social durante 2000 años.

"Si no puedes cambiar la sociedad, disfruta de ti mismo" Diría yo, aunque claro, mejor no me escuchéis porque ya he visto que el sufrir mola y voy a poner una tienda para venderos cilicios y otros martirios.

Mejor: "Si no puedes cambiar la sociedad, cómprame un látigo para autocastigarte fabricado en China y por el que voy a sacar un beneficio del 200%, corderito".
08/09/2004 16:43 Enlace permanente. Tema: Triscando Hay 23 comentarios.

13/09/2004

Flashes

Hoy he editado un mensaje en un foro un par de horas después de haberlo puesto. Tan sólo he dejado un escueto "Estoy de acuerdo con...". Y es que, después de haber escrito una respuesta sobre Beslán y el tristemente famoso secuestro de la escuela, me he dado cuenta de que me iba a traer una serie de "problemas".

Es un tanto exagerado llamar "problemas" a eso, pero veía ya que las opiniones estaban muy, pero que muy formadas, en lo referente al conflicto ruso-checheno, y que (conociendo el percal del foro y como se las gastan los melómanos) estaba llegando el momento de insultar a aquel que no se manifestase a favor de una determinada tesis. Me tocaba a mí, vamos, recibir los parabienes de cierto sector, muy democrático y tolerante, que lucha por la libertad etc. y está encantadísimo de la vida de ser así, tan superguays (de lo cual yo me alegro porque se les ve contentos, o algo así).

Y no es que me importe mucho lo del insulto, aunque es un tanto cansado y repetitivo, sino el hecho de que iba a tener que ponerme a buscar y traducir información para informar un poco al personal de qué iba la cuestión (creo que esto se llama argumentar o algo así), porque muy enterados no estaban, pero opinaban a base de bien (lo lógico y normal en estos casos). Trabajo, el de informar con noticias que han aparecido en medios a los que ellos no tienen acceso, no remunerado y de escaso valor informativo, porque les iba a resbalar todo lo que les dijera dado que tienen ya una idea muy precisa y clara de lo que está pasando en Rusia y Chechenia.

El caso es que en este asunto de Beslán posíblemente (casi seguro, pero no lo afirmo por si acaso) mientan como bellacos todas las partes implicadas y tan sólo sean fiables las informaciones de algunos rehenes. Ahora que, entre esas informaciones de rehenes también había contradicciones que no han sido aclaradas porque el impacto de la noticia se ha pasado ya y dejó de interesar, al menos en la primera página de medios occidentales. No hay apenas nada claro (muchos muertos, eso sí) y me temo que nunca sabremos qué sucedió en realidad dado el oscurantismo y lo poco fiables que son todos los poderes ahí implicados.

Y es que nos alimentan con flashes. Flashes que se suelen quedar en eso. Al día siguiente otro flash, y otro y otro. Desgracia tras desgracia, noticia tras noticia. Aparentemente, eso es estar informado, pero para entender el flash hace falta conocer la historia de antemano. Y en la mayoría de los casos desconocemos esa historia por lejana, compleja y ajena a nuestra vida cotidiana. Detrás de ese flash suele haber muchos puntos oscuros que nos es imposible dilucidar. Aparentemente, nos enteramos de todo y sabemos lo que ocurre en el mundo, pero me temo que no, que no lo sabemos.

Y sin embargo, creemos estar informados, cuando lo que estamos es saturados de flashes. Y es posible que ni siquiera queramos estar informados. No sé, se me plantean muchas dudas y quizas sea mejor no usar la primera persona del plural cuando estoy hablando de mí, porque no sé qué les ocurre a los demás, claro.

El caso es que borré mi opinión (muy subjetiva), un tanto dubidativa sobre el asunto, y sobre todo, no favorable a ninguna de las partes oficiales en conflicto que sepamos, que quizás (me temo que sí, porque hay mucho petróleo por medio) haya más (me refiero al poder totalitario de Putin y a los secuestradores, aparentemente favorables al independentismo checheno). Vaguería, hastío, cansancio de temas que no tienen final... No sé. A mí me dejaron muy mal cuerpo las imágenes, lo poco que tengo claro porque, como a tantas otras personas me impresionó bastante lo ocurrido, pero creo que eso no es cuestión a debatir.

22/09/2004

De lo sublime

"Si los españoles hablásemos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar."

Esta frase la encontré hace poco atribuída a Manuel Azaña.

Y es eso lo que yo echo de menos: opiniones pensadas. Leo y leo porque me interesa saber qué es eso tan abstracto e intangible de la "opinión pública" y me encuentro con una repetición incansable de tópicos, tanto de los antiguos y decimonónicos como de los modernos. La información que no se ajusta a esos tópicos se escurre. No se capta entre el farfullo incansable.

A veces, encuentro opiniones interesantes en algún lado, porque las hay, pero no suelen llamar mucho la atención. Se pierden empanadas entre farfullos y más farfullos que repiten siempre lo mismo. Con frecuencia, personas que tienen unas opiniones bastante ajustadas a los estándares (ya sean estándares de un tipo como de otro, que los hay variados por eso de poder discutir con los contrarios) hablan con engolamiento de cómo llegaron a esa conclusión, como una de ellas a la que leía ayer y decía que sus opiniones eran fruto de su "experiencia en la vida" y añadía que creía en lo "sublime del ser humano". Nada del otro mundo, pues. Vamos, que no me asombra lo más mínimo que creyera en lo "sublime del ser humano" dado lo sublime de su opinión. Y hay tantas y tantas opiniones sublimes que, evidentemente, la sublimidad es un hecho.

El caso es que mi experiencia en la vida no me da para tener opinión sobre todo lo que se mueva. Me da para ir tirando y poco más. Hay temas que, por interés o causas variadas, conozco un poco, y en ellos sí tengo opinión (subjetiva, claro, porque eso son ls opiniones), aunque muchas veces no una opinión clara e inamovible porque contínuamente aparece información que indica que bien pudiera no ser así, pero la mayoría se me escapan. Para lo básico, eso sí, procuro no dudar demasiado, porque si llueve y dudo sobre si llevar o no paraguas y sus consecuencias éticas al estar fabricado en la India o el impacto medioambiental dado que es un tejido plástico, me puedo pillar una pulmonía, lo cual no estaría mal por eso de tener una mayor experiencia en la vida, pero tendría que reposar en cama con un pijama fabricado en Vietnam, lo cual me suscitaría otra serie de dilemas éticos.

Pero el caso es que está bien leer siempre los mismos tópicos y volver a releer siempre lo mismo porque al final te lo aprendes de memoria y lo rezas por la noche antes de ir a dormir como lo de "cuatro esquinitas tiene mi cama", con lo cual te duermes tan pancho, tan feliz de ser tan sublime, y es mucho menos aburrido que contar ovejitas.

Sr. Azaña, (lo de D. Manuel me da yuyu por eso de los tratamientos de Don, tan clasistas. Boooo...) me temo que enviaré inmediatamente su frase al olvido. ¿Para qué queremos pensar con lo a gusto que estamos así? Ande, no sea aguafiestas.
22/09/2004 20:09 Enlace permanente. Tema: Triscando Hay 9 comentarios.

24/09/2004

Fábula del pianista

pianista.jpgUna vez le atizé una buena hostia a un pianista con un paraguas. Sí, es verídico. Por suerte no le afecté órganos vitales, pero lamentablemente, tampoco le sirvió de nada (a mí sí, es evidente mi sentido práctico). Y es una lástima que si te atizan una hostia dolorosa y fuerte con un paraguas no te sirva para nada ni aprendas de la situación. Lo que hizo el pianista en cuestión fue quejarse amargamente frente a personas que, supuestamente, me podían meter en vereda de que yo era una salvaje, pero no se paró a pensar el porqué de la hostia.

La enseñanza de toda esta maravillosa fábula de pianista, sonatas y paraguas, es que si te ves en la situación de tener que dar una buena hostia (lo de pianista es optativo, podéis elegir profesión a la carta), no pienses en el favor que le vas a hacer al otro ni la enseñanza que vaya a recibir a consecuencia del castigo -lo más probable es que no aprenda nada - sino en comprarte un buen paraguas, robusto y resistente, que te aguante la estocada. Que no estamos para andar comprando paraguas nuevos todos los días.
24/09/2004 23:01 Enlace permanente. Tema: Triscando Hay 12 comentarios.

25/09/2004

Bonjour tristesse

Me acabo de enterar de que ha muerto Françoise Sagan. Era una escritora, que si bien no fue considerada por la "intelectualidad" de su época dado su estilo ligero y sus temas no comprometidos, me llama mucho la atención.

Hace unos meses leía la carta pública que ella le envió a Sartre cuando éste, enfermo y cerca ya del final, había sido rechazado por la intelectualidad. Dos personas que no habían tenido nada en común durante años y se habían ignorado como escritores al pertenecer a círculos diferentes se hicieron muy amigas en el último año de vida de Sartre. Me gustó esa conciliación entre ambos mundos, que se despreciaban abiertamente entre sí. Hermosa carta y hermosas las palabras de Sagan a Sartre, a quien empecé a ver de otra forma, menos visceral y más adaptada a lo que él era: un hombre que se equivocaba, como todos, a pesar de que me sigue cayendo mal (no lo puedo evitar).

"Bonjour tristesse", el título de la primera novela de Sagan, con la que saltó a la fama con tan sólo 19 años y en la que explica - de una forma absolutamente innovadora para la época - los sentimientos contradictorios e "impuros" de una adolescente, algo que entonces era un tema tabú, porque la imagen que se tenía de la mujer estaba condicionada por la literatura escrita por hombres, que muchas veces se dejaba llevar por fantasías y visiones un tanto parciales de la psique femenina.

Sagan abrió un camino en la ruptura de tabúes.

Descanse en paz.
25/09/2004 00:00 Enlace permanente. Tema: Personales Hay 10 comentarios.




Temas



Archivos

Enlaces

Personales

Otros

 

 
Septiembre 2004 | grullas
Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras, y Evento Blog España. Vota en los Premios Bitacoras.com [Blog Oficial en LaInformacion.com]